LA FIESTA DEL TIEMPO

por elcantodelcuco

 

Recuerda el Calendario Zaragozano, en letra negrita, que hoy es el Dia Meteorológico Mundial, o sea su fiesta señalada. Es la fiesta de las isobaras, esos garabatos redondos en el mapa formando círculos concéntricos de borrascas y anticiclones, con especial atención al sempiterno y cansino anticiclón de las Azores; la fiesta de las nubes y el viento, de la escarcha y el sol, de la nieve y las tormentas, de la luna llena y de las estrellas fugaces, de la lluvia mansa sobre los sembrados y del pedrisco asolador; la fiesta de las húrguras, que son, como se sabe, las brujas del invierno en las Tierras Altas, que bailan ululando por las esquinas, y de noche se asoman amenazantes por el hueco de las chimeneas, y es también la fiesta del sol, al que rendían culto los celtíberos, mis antepasados, en la cumbre de los montes, encendiendo hogueras en el solsticio de verano, y que en julio cae a plomo como un cuchillo ardiente sobre el páramo soriano, poblado de chicharras y polvo, cuando clasca ya la mies esperando la hoz del segador.

Esta fiesta nos obliga a mirar hoy al cielo con especial atención y afecto. Cuando he salido a la calle esta mañana serena he sentido en el rostro la caricia gratuita del aire tibio de esta primavera caprichosa, que arrastra ya el aroma de los prunos floridos, y lo he agradecido. Al fondo, la sierra de Madrid vuelve a estar blanca por la nevada de principios de semana, y la calle, al pisarla, estaba alfombrada de pétalos, que Miguel, el jardinero de la urbanización, se empeña en barrer con ese ruidoso y malhadado invento del soplador de hojas. El cielo de Madrid ha amanecido azul con leves celajes que, en el curso de las horas, han ido espesándose hasta cubrirlo del todo a estas horas, mientras escribo, de una capa gris.

Estaría bien que acabara lloviendo al caer la tarde ofreciendo así una exhibición, en un día tan señalado, de la rica y graciosa variedad de los cambios del tiempo, que se parecen, como una gota de lluvia a otra, a los cambios de humor en las personas, y tengo para mí que los cambios atmosféricos y de las estaciones influyen más de lo que parece en estos últimos, aunque uno no crea mucho en el horóscopo y en la influencia de los signos del zodíaco. Pero pedir la lluvia este año de sequía se me antoja pedir peras al olmo o hacer rogativas a la Virgen, como cuando yo era niño. Recuerdo, como si lo estuviera viendo, a todo el pueblo caminando entre los sembrados, apenas nacidos, cantando las lentanías de los santos -San Marcos, ya se sabe, es el rey de charcos- tras el pendón morado, que encabezaba la procesión, seguido de la cruz alzada, escoltada por los ciriales de los monaguillos. Aunque, si hacemos caso al Calendario Zaragozano, no habrá que pedir un milagro porque estos días nos espera “temporal encapotado y lluvioso, con vientos alborotados del S. y SE. de buen temple”. Es más, “algunos nublados tomarán carácter tempestuoso con chubascos, relámpagos y tronados, pasada esta agitación quedará, por unos días, buen tiempo”. ¡Habrá que verlo para creerlo! Pero la tierra está tan seca que no basta con una pampurria o calabobos.

Me gustaría que en los resecos campos de mi infancia en las Tierras Altas de Castilla y en los campos de todas las infancias del mundo, que carecen de agua para beber, se cumpliera hoy, Dia Meteorológico Mundial, el milagro del canto a la lluvia de Manuel Altolaguirre:

El cielo se ha despeinado,

su melena de cristal

se destrenza en el sembrado.

 

O, también, el del poeta ecuatoriano Juan Larrea:

La noche ha abierto su paraguas.

Llueve.

Los pájaros de la lluvia

picotean los trigos de los charcos.

 

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