CARTA A LOS REYES MAGOS

por elcantodelcuco

Queridos Reyes Magos:

No sé si os extrañará que os escriba después de tantos años. En realidad, puede que sea esta la primera carta que os mando en mi vida. ¡Justo cuando acaba de nacer mi nieto! De niño en el pueblo no recuerdo haber entregado nunca al tío Tomás, el cartero, una carta para vosotros. Normalmente veníais con una gran nevada, y en Sarnago no había comercios ni habíamos oído hablar de tiendas de juguetes ni de grandes almacenes. Ni siquiera se había inventado el bolígrafo. Así que mal os íbamos a encargar nada. Además éramos pobres, como sabéis, y a los campesinos pobres les cuesta mucho pedir nada que no sea necesario. Y menos, humillarse pidiendo. Pero siempre he creído en vosotros. Estoy convencido de que, en vuestra noche mágica, acompañáis, invisibles, a todas las caravanas -incluso las horteramente comerciales- y ponéis ilusión en el corazón de cada niño. No sé si los Reyes son los padres, como dicen los aguafiestas, pero estoy seguro de que vosotros estáis detrás de todo este ajetreo de emociones, no me lo neguéis. Además, como hace mucho tiempo que me quedé sin padres, no tengo más remedio que dirigirme a vosotros sin intermediarios.

Nunca os había agradecido aquellos regalos de niño. Quiero hacerlo ahora, antes de que me muera. Aquella media manzana en la ventana cuando me desperté en el cuarto de afuera, aquellas botitas otro año, que a mi madre le parecieron un despilfarro, y, sobre todo, el caballo de cartón con el aparejo de carne de membrillo que, como sabéis, ha sido el mejor regalo de mi vida. Pero lo importante era que habíais venido, que no habíais pasado de largo, como hacen ahora los políticos con los pueblos deshabitados. Ahora os confieso que incluso yo oí un año desde la cama de madrugada -en Sarnago no había, como recordaréis, luz eléctrica- los pasos de vuestras botas en la oscuridad, y me hice el dormido. Sé que veníais siempre por donde sale el sol, bordeando la Alcarama, por la Cruz de Valdenegrillos -por cierto, me ha alegrado mucho saber que los dos últimos vecinos, el Zacarías y la Romana, siguen vivos en contra de algunos rumores tristes-. Ya me diréis cómo se las arreglaban los camellos para superar el Collado del Robledo con nieve hasta el corvejón. Era lo que más me intrigaba. Pero el hecho es que se comían la esparceta y el cuartillo de cebada que les dejábamos fuera, junto al horno. Una curiosidad: ¿Seguís recorriendo los pueblos abandonados sin saliros del camino acostumbrado? ¿Qué os parece el cementerio de pueblos de las Tierras Altas?

En esta carta no quiero pediros nada para mí. Si acaso, que en las librerías cante el cuco esta primavera y aparezcan “Los secretos de la Transición”. Pero permitidme que os pida una serie de cosas que me parecen importantes. La primera, que echéis una mano a España, que anda desvencijándose. Que los que quieren romperla -vosotros no entendéis de naciones ni fronteras- se rompan ellos la crisma. Que reconciliéis a los políticos con el pueblo. Que se pongan de acuerdo para solucionar los problemas. Que salgamos de una vez de este maldito túnel de la crisis. Que haya trabajo y disminuya el paro. Que los ricos del mundo sean menos ricos y los pobres, menos pobres. Que no muera ni un niño de hambre. Que se muera la prima de riesgo. Que la poesía se imponga a la economía. Que los usureros, los especuladores y los tiranos se vayan al infierno. Que vuelvan las gentes de la ciudad al pueblo. Que se cure de una vez el cáncer. Que se acabe con el alzheimer. Que reviva el cristianismo original. En fin, que los telediarios y los periódicos nos den este año alguna buena noticia. No sé si os pido demasiado en esta mi primera carta. Pero más difícil parecía lo que pasó cuando emprendisteis el camino hace más de dos mil años siguiendo una estrella. Y ya veis.

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