MEMORIAS DE UN PUEBLO

por elcantodelcuco

El canto del cuco

A Sara

Olía a tabaco negro y a sudor, tabaco fuerte de petaca o de cuarterón, que se liaba parsimoniosamente con la ayuda de una maquinilla rudimentaria y un librillo de papel de fumar. Hasta don Joaquín, el maestro, que era manco, sabía utilizarla. El humo que emitía sin parar mi tío Sotero, el secretario, de la mañana a la noche, entre agudos ataques de tos que presagiaban el futuro cáncer de pulmón, impregnaba las paredes, los legajos de papeles y las vigas del techo. Por si fuera poco, en los días de invierno funcionaba en medio de la sala una estufa de leña, única calefacción disponible en el pueblo. La humareda, cuando revocaba, envolvía también, sin guardar el menor respeto, el crucifijo y la fotografía de Franco con capote de campaña que presidían la pared del fondo. Este olor característico aún permanecerá seguramente impregnando la Casa de Concejo, que…

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