ESPAÑA, EN VENTA

por elcantodelcuco

Neil Christi es un hombre de mediana edad, mediano de estatura, de clase media y medianamente calvo. Pudiera parecer una medianía. Nada en su figura nos invitaría a ocuparnos de él si no fuera porque es inglés y ha comprado en Galicia una aldea completa, que llevaba tiempo abandonada. La aldea se llama Arruña. A Neil se le ve caminando por un camino que sale del pueblo y que traspone bordeando una montaña verde. El terreno es abrupto y la aldea que ha comprado el inglés está compuesta por cuatro casas de piedra. La hiedra trepa por las lajas de las paredes. Es imposible no sentir contemplando la escena el clamor del silencio y de la soledad, tanto como adivinar una paz telúrica, húmeda y apabullante. Un día Neil Christi, agotado por el trabajo estresante de la oficina en Inglaterra, decidió cambiar radicalmente de vida. Compró Arruña por cuarenta mil euros, una ganga, y se vino con Rosa, su mujer, y sus dos hijos a este rincón perdido de España. Invirtió algo menos de 164.000 euros en arreglos y rehizo los cuatro edificios de los que es propietario y que estaban en ruinas. Dice que salvo el té de las cinco no echa en falta nada. “Aquí no hay contaminación, el aire es limpio y el agua, clara”.

Es sólo un ejemplo. No es la primera vez que El canto del cuco se ocupa de esto. Hay en España -recordemos- unos tres mil pueblos abandonados, una prueba reveladora, por si alguien lo dudaba, de la decadencia y muerte de la milenaria cultura rural. No sólo las Tierras Altas de Soria, sino media España, la mitad norte, por donde acostumbran a circular las borrascas meteorológicas, se convierte, poco a poco, en un cementerio de pueblos. Los carroñeros inmobiliarios han olido el negocio. Ahora mismo tienen en sus carteras quinientas aldeas en venta, con precios para todos los bolsillos: desde 54.000 a 384.000 euros, que piden por El Costal. Pepe Rodil, socio de una de estas inmobiliarias, destaca el lado positivo del negocio: “Estoy feliz de ver renacer a los pueblos que estaban en ruinas. Los extranjeros están llenando el vacío”. Al menos, están aprovechando la ganga -¡un pueblo entero por menos de lo que vale un piso!-, convencidos de que España está en venta. El 80 por ciento de los compradores son, en efecto, extranjeros, y un tercio de ellos, ingleses. Muchos son parejas de clase media, de mediana edad, como Neil y Rosa, que buscan un lugar tranquilo dende retirarse a vivir medianamente bien. Pero cada día asoman la oreja más especuladores. Falta poco, según me dicen, para que irrumpan rusos y chinos en avalancha a comprar pueblos y tierras, que son valores de futuro. (Vengo de una escapada al mar, a mi lugar acostumbrado de Campoamor, al sur de Alicante, y he observado en la playa un hecho nuevo: junto a los jubilados ingleses y las rubias y orondas alemanas con las primas de riesgo al aire, abundaban por primera vez los rusos. Junto a la cerveza aumenta en España el consumo de vodka).

El futuro de los pueblos que quedan en pie -iba a decir el futuro de España- está en juego, sin exagerar, si sigue adelante la reforma de la Administración Local que prepara el Gobierno. Peligran la democracia y la autonomía municipal. Miles de municipios -sobre todo, los pequeños- pueden ser barridos del mapa para disfrute de especuladores extranjeros, como barría cientos de estrellas de una vez la cola del dragón del Apocalipsis. El partido gubernamental, que aún tiene la sartén por el mango, ha impedido con sus votos y su veto en la Federación de Municipios que se reunieran en Madrid, en una asamblea histórica, cientos de alcaldes, puede que miles, de toda España para debatir democráticamente sobre la malhadada reforma. Habría estado bien. La democracia municipal es la única que ha resistido en España el paso del tiempo desde los comuneros, la única que supera la prueba del algodón. ¡Qué contraste con los de Sarnago, los de mi pueblo, que han seguido con la hacendera, reconstruyendo lo que se pueda con sus propias manos, sin ayuda de nadie! En fin, no me hagan caso, hagan caso a León Felipe: “Que sean todos los pueblos y todos los huertos nuestros”.

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