SEGUNDA CARTA AUSTRALIANA

por elcantodelcuco

Vuelvo del parque nacional de Springsbrook, declarado por la UNESCO patrimonio de la humanidad. Es uno de los lugares del mundo que vale la pena visitar antes de morirse. Será porque vengo cargado de imágenes y sensaciones o, lo que es más seguro, por la necesidad de compartirlas, el caso es que siento necesidad esta noche de ponerme a escribir la segunda “Carta Australiana” para los seguidores de “El canto del cuco”. Echaré mano del diario que voy escribiendo cada noche, del que tomaré apenas algunas notas y curiosidades de este viaje a Australia, que concluirá en unos días. Escribo justo cuando Noa, que ilumina el corazón de su abuelo, cumple, bien lucidos, sus primeros quince días.

2 de julio, martes.- Pilar y yo tomamos el tren en la pequeña estación de Duton Park, que hay cerca de casa. En apenas unos minutos -tres estaciones- el tren de la línea roja nos deja en el centro de la ciudad, frente a los museos, que aquí son gratuitos. Visitamos el Museo de la Ciencia, donde se cuenta, con objetos antiguos, paneles y videos, la historia de este país, con especial atención a la suerte -más bien perra- de los primitivos pobladores, antes de la llegada de los presos y colonizadores ingleses. Aún quedan en Brisbane 34.000 aborígenes, y no es raro encontrarse a más de uno de ellos borracho por la calle o enfangado en labores humildes. Aquí no ha habido apenas mestizaje. En el amplio museo, de varias plantas, se muestra también toda la riquísima flora, fauna y riquezas minerales, con el coral como principal objeto del deseo. No faltan gigantescos dinosaurios y, en el techo de la entrada, el avión que realizó el primer vuelo en solitario de Australia a Inglaterra en 1928. Lo que más llama la atención es la multitud de niños, acompañados de sus padres o profesores, que llenan todas las estancias del museo y que parecen interesados y divertidos. Y, sobre todo, educados.

3 de julio, miércoles.- Visita obligada al Jardín botánico de Brisbane, con la niña en el portabebés “Mei Tai”. No rechista. Le gusta el ajetreo. Duerme pacíficamente. ¡Dulce peso para Jimena! El Botánico es un espacio extenso y cuidadísimo, con rincones amenos, poblado de plantas y árboles exóticos, desconocidos para un europeo de Sarnago como yo. El viajero se encuentra con todas las plantas aromáticas imaginables, ficus gigantes, árboles centenarios, bonsáis, jardín japonés, riachuelos, que desembocan en un lago, donde revuelan numerosas aves acuáticas. También aquí lo llamativo es el enjambre de niños, que están por todas partes. Es como un bosque animado. Un ibis ladrón le roba a una niña el sándwich y huye con él en el pico. La niña sale corriendo detrás del pajarraco de gran pico corvo por el prado, el ibis se sumerge en el lago con su botín y la niña se vuelve desconsolada.

4 de julio, jueves.- Excursión por el Skywalk  en el bosque tropical  de Tamborine, a una hora larga de coche de Brisbane. Seguimos el grato ejercicio de inmersión en la Naturaleza. Impresiona el recorrido por el interior de la espesura. Pasadizos construidos sobre el profundo abismo a la altura de las copas de los árboles. Un auténtico paseo por el cielo, como su nombre indica, no apto para los que sufran vértigo. De abajo sube el sonido del agua. Árboles exóticos, rectos, altísimos -en busca, casi imposible, del sol-, lianas, parras silvestres que se enroscan en los troncos como serpientes, palmeras variadísimas a cual más hermosa. Aquí hubo un volcán hace más de veinte millones de años y de sus cenizas surgió este grandioso bosque impenetrable, con especies únicas y mariposas gigantes entre las flores (cuando estalle la primavera, dentro de poco; ahora es invierno, un invierno azul y veraniego).

5 de julio, viernes.- Dia de sosiego en casa. Noa duerme y mama. Casi no se le oye llorar ni de día ni de noche. El correo trae a casa una carta del Ayuntamiento de Brisbane con el proyecto de presupuesto para 2014 desglosado por partidas. Cada vecino lo estudia. Después se discute en asambleas de barrio, donde se deciden las prioridades, que se comunican al gobierno municipal. Esto es democracia participativa. A mí me recuerda a la Agenda 21 Local. Esto es desarrollo sostenible. Antes de acostarme salgo al jardín. Jordi me avisa de que hay un possum rondando. En el cielo brilla la Cruz del Sur.

6 de julio, sábado.- Grato paseo nocturno en barco por el rio, arteria principal de la ciudad. Además es gratis, lo mismo que los museos. El paisaje nocturno, bajo los puentes, entre los rascacielos iluminados es esplendoroso. Esta es una ciudad limpia y ordenada, dispuesta para el disfrute de los ciudadanos. Con paseos para los peatones y carriles-bici por todas partes, a pesar de que la ciudad está edificada sobre colinas, con fuertes cuestas. ¡Qué paseo junto al rio, bajo las buganvillas y el jacarandá, con playitas de arena, aseos y jardines bien cuidados! Aún no he visto una pintada ni un papel en el suelo. Cuando desembarcamos recorremos la parte interior del paseo, con las terrazas de los restaurantes y cafeterías rebosantes. Y nos sentamos a cenar en una de ellas. En la chocolatería Max Brenner -¡qué chocolate!- había que hacer cola y nos hemos encontrado con María, una camarera de Madrid.

7 de julio, domingo.- Oímos misa en la catedral católica. Es de estilo neogótico, con vidrieras policromadas. El templo está desnudo de santos. Sólo un Cristo gravitando en el centro del presbiterio con las manos desclavadas del madero. Los tubos del órgano ocupan lo que sería en España el altar mayor. Se cuida la música y la liturgia. El celebrante entra y sale en procesión, precedida de la cruz alzada y de dos monaguillos, niño y niña, con ciriales. Lo mismo se hace en la proclamación del evangelio. La comunión se da en las dos especies del pan y del vino. Lo que más me llama la atención es la composición de los asistentes. Son de toda raza, edad y condición, con gran presencia de orientales y de jóvenes. Todos siguen la ceremonia con recogimiento. Se ve que no van a cumplir. He sentido como en ningún otro sitio la universalidad de la Iglesia. Dos curiosidades: el celebrante, revestido con la casulla, espera a la salida de la catedral a los fieles, que le saludan; y debajo del templo hay un aparcamiento gratuito para los que van a misa; es gratis hasta un cuarto de hora después.

8 de julio, lunes.- Pasamos la mañana en la Universidad de Queensland, donde presentan el cohete espacial “Scramspace”, en el que participan científicos de todo el mundo, entre ellos Jordi Sancho, el marido de Jimena, que luego nos enseña el laboratorio donde trabaja. Allí se hacen las pruebas con la idea de que el artefacto alcance, al menos, diez veces la velocidad del sonido, lo que parece que está al alcance de la mano. Lanzarán el “Scramspace” en septiembre en Noruega. Tendrá aplicaciones increíbles en el campo de la Defensa y de la aviación civil, además, si no he entendido mal, como lanzador de satélites al espacio. Mientras recorría el campus, cuidadísimo, también aquí sin una pintada ni un papel en el suelo, con estudiantes de todo el mundo, muchos asiáticos, y contemplaba el paisaje privilegiado junto al rio, donde se ven pelícanos, cormoranes, ánades cejudos, malvasías, garzas cuelliblancas, etcétera, he pensado: Mientras en España siguen con Bárcenas, en Australia lanzan cohetes.

9 de julio, martes.- Ya he adelantado que vengo del parque nacional de Springsbrook, bosque subtropical nacido en el lecho de un volcán apagado hace muchos millones de años cuando aún existía el gran continente Gondwana. Impresiona penetrar en este santuario vivo de la Naturaleza con especies únicas: ficus gigantescos, cedros desconocidos, hayas antárticas, clase de araucarias que ya existían cuando andaban por estas escabrosidades los dinosaurios, helechos arborescentes, espesuras de lianas y raíces aéreas, con troncos cubiertos de líquenes y musgo. Caminata plácida por estrechos pasadizos y escalinatas, con el rumor de las aguas abajo. En primavera y verano me dicen que habrá un estallido de flores en los brezales y una sinfonía de pájaros desconocidos. Hoy en algún lugar del bosque se esconderán el pájaro-lira y el ave del paraíso, además de cientos de cacatúas y papagayos, y no faltará algún koala en los bajeros. Recorremos “Natural Bridge” con Noa dormida en el portabebés, hasta llegar por una pasadizo natural de roca basáltica al punto central y más espectacular del recorrido: a nuestros pies una impresionante cascada bajo una cueva natural, que en las noches de verano se puebla de luciérnagas, murciélagos y hongos luminiscentes. Abajo, entre los estertores del rio Nerang, que está a punto de morir en la Costa de Oro unas leguas más allá, se oyen risas y gritos de adolescentes. Y Noa sigue dormida.

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