LLANTO POR UN PUEBLO

por elcantodelcuco

El corazón se acelera cuando se acerca la hora del parto y el hijo pugna por salir a la luz. Y más si el embarazo ha sido azaroso y viene con retraso. Es preciso esperar sin que la espera te agote, como aconseja Kipling, aunque no andaba desencaminado don Antonio Machado, recogiendo el sentir popular, de que el que espera, desespera, que él considera una verdad verdadera. Al final todo llega. A mí, sin ir más lejos, se me ha acelerado el corazón cuando por fin, después de tan desesperante espera, he recibido noticia de que el libro está a punto de salir a la luz. Me lo ha confirmado esta mañana Javier Santillán, el editor de Gadir. La semana pasada corregí las últimas pruebas. Y lo tienen ya en la imprenta. Queda sólo el diseño final de la portada, en la que no faltará Sarnago o su entorno. Estoy seguro, como padre experimentado, de que será una criatura hermosa, con la que pasar agradables ratos de sosiego y de recuerdos en el cuarto de estar, en la cocina junto al fuego o a la sombra de un árbol. He pensado que era mi deber compartir inmediatamente la buena noticia, antes que con nadie, con los fieles seguidores de este blog. Al fin y al cabo, el libro, como saben, ha sido engendrado aquí en la red, a la intemperie y a la vista de todos, por lo que es un poco hijo de todos.

Ahora debo completar la información. El libro se llamará definitivamente El canto del cuco. Llanto por un pueblo. El añadido o subtítulo es por dos razones: la primera, para distinguirlo de la novela, con seudónimo, de J. K. Rowling, la autora de Harry Potter, a la que no se le ha ocurrido nada mejor que copiar el título de nuestro blog. Y la segunda, porque, releyendo detenidamente el texto completo, me ha parecido que le cuadraba bien, que es como el sutil cañamazo de fondo de toda la trama. El resultado imprevisto es que este libro, que completa la trilogía de la Alcarama, ha resultado, contra mi propósito incial, una elegía. Paradójicamente defiendo, no sé cómo decirlo, que no es un libro triste, a pesar de que todo él se vea atravesado por el llanto por un pueblo, por el mio, en las Tierras Altas de Soria, patria de mi infancia, y por todos los pueblos muertos o agonizantes, o sea, por el final del mundo rural entre el desdén y la indiferencia.

Como pasa el carpintero la garlopa por la olorosa madera para fabricar el mueble, yo he pulido cuidadosamente los textos de este cuaderno gris, suprimiendo partes, enlazando otras, añadiendo no pocas y corrigiendo todo hasta dejar un conjunto aseado, presentable y, por supuesto, reconocible. Al final llevará un glosario con las hermosas palabras del pueblo, desconocidas por la Academia y que he recogido descaradamente entre los despojos de esta cultura rural desfalleciente. El libro recorre el ciclo completo de las cuatro estaciones, y su variable paisaje. En conjunto, me atrevo a decir que el paisaje, entendiéndolo omnicomprensivamente como un estado del espíritu -el paisaje físico, humano y espiritual- ha resultado ser el protagonista de la obra.

No quiero extenderme más. Esta primicia a los lectores del blog no debería ir mucho más allá de lo que el hombre comunica nerviosamente a la vecina que se encuentra en el descansillo de la escalera, mientras sale presuroso hacia el hospital: “Mi mujer se ha puesto de parto”. Sólo añadir que El canto del cuco. Llanto por un pueblo, según me ha asegurado el editor, estará en las librerías con toda seguridad antes de que acabe febrero, y yo espero tener en mis manos a la criatura por San Valentín. También puedo adelantar, como novedad, que la edición, con el característico esmero de Gadir, incluirá esta vez un reducido número de ejemplares en tapa dura para coleccionistas y para los que quieran conservar el libro entre los objetos familiares con la intención de que así puedan leerlo un dia sus hijos y sus nietos. En fin, no sé si se me nota demasiado el alborozo -pido disculpas por ello-, pero el caso es que la espera se ha trocado en esperanza cierta. Y las alegrías son para compartirlas.

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