SECRETOS DE LA TRANSICIÓN

por elcantodelcuco

 

Me parece que esta vez, para algunos, el cuco va a cantar por peteneras. Confieso de entrada que he dudado mucho, antes de meterme en camisa de once varas. ¿Qué hace un nieto del tio Natalio de Sarnago -me quedé sin padre a los dos años, de repente, tal noche como hoy, el día de San Blasillo- contando secretos de España, como otros cantan los suspiros? Porque de eso se trata. Y no he podido contenerme. Acaba de aparecer un libro mio, que se ha adelantado por los pelos, después de una larga espera, al anhelado El canto del cuco. Llanto por un pueblo. Casi coinciden los dos en este febrerillo loco. Lo tengo caliente entre mis manos, recién salido de la imprenta. Y, como pasa siempre en estos casos, lo acaricio como si fuera un hijo. Para un escritor tener el primer ejemplar de una obra en las manos es un placer entusiástico que genera una especie de euforia desatada y efímera. ¡Por fin!, dice uno para sus adentros mientras contempla la portada, pasa una y otra vez las páginas y huele la tinta. Dentro de unos días los distribuidores pondrán el libro a la venta. Por un lado me parecía de buena educación, casi algo obligado, dar la novedad antes que a nadie a los seguidores de este blog, a los que ya considero como de la familia. Además, la ocultación sería un acto de discriminación de un hijo en favor del otro. Y, por otro lado, me resistía porque pudiera interpretarse como un abuso de confianza, casi como una profanación de este espacio con olor a campo, a monte, a majada y a ruinas. Y, sobre todo, quería huir como de la peste de cualquier apariencia de publicidad interesada. No sé si lo conseguiré.

El libro, de apenas 180 páginas, se titula Secretos de la Transición y lo edita Plaza y Valdés. También, como mis historias de la Alcarama y mis cánticos del cuco, tiene mucho de memorialístico, aunque en este caso acudo a mi memoria menos lejana. Me ocupo en él, en efecto, de esa importante etapa de la historia de España conocida como la Transición, de la que fui, como periodista, testigo y cronista privilegiado. Ha sido para mí, digo en el prólogo, como abrir un álbum antiguo y repasar las fotografías de entonces, descoloridas por el paso del tiempo. Por sus páginas van desfilando personajes, no pocos ya desaparecidos, y paisajes casi olvidados. Se suceden momentos y peripecias que parecían inolvidables y que se han ido borrando de la memoria colectiva. Y esos hechos y circunstancias vuelven a sorprendernos, como cuando éramos jóvenes y no parábamos de soñar. O sea que es, en cierto modo, un reencuentro con nostros mismos, la razón de ser de algo en que las nuevas generaciones no tuvieron arte ni parte. “¿Qué nos ha pasado? -me pregunto-. ¿Qué ha sido de aquel entusiasmo con que vencimos entre todos las tremendas dificultades del camino y alcanzamos la democracia y, enseguida, nos incorporamos a Europa? ¿Qué ha pasado con la clase política, tan respetada entonces, tan denigrada ahora? ¿En qué ha quedado el respeto reverencial al Parlamento, templo de la soberanía popular, ahora rodeado por la multitud airada? ¿Y el respeto al Rey? ¿Qué ha ocurrido para que se reniegue del Estado de las autonomías y se solicite en la calle un nuevo período constituyente? ¿Qué fue de aquella forma de hacer política, basada en los pactos, el consenso y la concordia? ¿Es verdad, como dice Jordi Pujol, que este paisaje de desolación y desánimo, en el que se deshilacha el Estado, por la costura de Cataluña y por otras costuras, es porque España ha perdido una guerra contra sí misma?”.

En este relato mio figuran, como digo, con sus luces y sus sombras, los personajes que protagonizaron aquella encomiable tarea de la Transición a la democracia, y a lo largo de la obra va desfilando la mayor parte de la nómina política de la época. Como es natural, unos salen mejor parados que otros en este repaso desapasionado. Ya era hora, treinta y tantos años después, de poner a cada cual en su sitio. Yo observé lo que pasaba asomándome a la puerta entreabierta del poder. Eso me permite ofrecer novedades importantes y secretos bien guardados hasta ahora. Por primera vez se revelan algunos de estos silencios o secretos y se proporcionan las claves de acontecimientos decisivos. Por ejemplo, el lector interesado podrá satisfacer su curiosidad sobre las maniobras ocultas para que los repesentantes del franquismo se hicieran el harakiri con luz y taquígrafos, y conocerá, por fin, por qué dimitió el presidente Suárez, cuál fue el detonante de su decisión. Etcétera.

No me hago ilusiones. Puede que estas cosas no interesen mucho a las nuevas generaciones, ni a los políticos actuales, ni siquiera a los blogueros de El canto del cuco. Mis disculpas entonces. Se ve que en política, y en todo lo demás, lo que importa es vivir al día, sin hacer caso a la advertencia de Ortega y Gasset de que “en política, vivir al día es casi inevitablemente morir al atardecer, como las moscas efímeras”. Y así mueren los pueblos.

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