ACUSE DE RECIBO

por elcantodelcuco

“Sarlat et Logroño à la recontre d’Abel Hernández à Sarnago (20-22 septembre 2013)”. Es el titular, válgame Dios, con grandes letras brillantes de la esmerada revista bilingüe publicada en Francia y que recoge el emotivo encuentro, del que di aquí noticia en su día, que tuvo lugar en Sarnago en torno a mis libros, promovido por la profesora Jacqueline Lacombe y su marido, Claude. Este último se ha encargado además de la “mise en images” o depurada edición. En la portada aparece Sarnago. Es una imagen del pueblo desde la Cruz de la Villa, en el camino de San Pedro, con las ruinas de la iglesia al fondo, recostadas en la ladera verdecida del Cogote de la Hoya. Detrás se adivina la Alcarama. Este homenaje escrito es para mí abrumador y, sin falsa humildad, inmerecido. Me ha parecido de buena educación acusar públicamente recibo de ello y expresar mi sentido agradecimiento. “Un recuerdo franco-español”, dice en su carta manuscrita, con exquisita sencillez, la profesora Lacombe, que no se ha conformado con enseñar español a sus alumnos utilizando durante tres años mis libros, sino que ha venido con ellos al escenario donde tienen lugar las historias que se cuentan, el escenario de mis sueños y de mi infancia. En la revista, poblada de innumerables fotos, se recogen todos los textos elegidos por los alumnos y que leyeron franceses y riojanos aquella tarde del último septiembre en la plaza del pueblo. He aquí un breve resumen de esta trilogía mia, hecho por manos ajenas, ya amigas, la trilogía que precede a El canto del cuco. Llanto por un pueblo. He pensado que pueden ser de alguna utilidad para tener una visión de conjunto. Me ha parecido, al menos, un juego divertido de luces y sombras ofrecer apenas un fragmento de cada uno de los textos de la antología, como un repique de campanas.

Joëlle Colas.- Te ofrezco, lector, este manojo de flores silvestres recogidas en las Tierras Altas de la Soria mágica y pobre, donde el tiempo se detiene y los montes y las piedras hablan.

Amparo Contreras.- Había una vez un pueblo situado entre montes en un lugar privilegiado, desde donde se dominaban veinte kilómetros a la redonda. En cada una de las cuatro entradas del pueblo había una cruz coincidiendo con los cuatro puntos cardinales

Maite Sáenz Zatarain.- Las calles de Sarnago no tienen nombre. Sólo la que sube a la plaza, que es la de mi casa, figura pomposamente como calle Real en los papeles oficiales, pero nadie la conoce por su nombre. No hay, ni hubo nunca, placas ni números.

Claude Lacombe.- El reloj de pared llevaba desde el siglo XVIII en el mismo rincón de la casa, enfrente de la cama donde yo nací. Sus dos pesas de hierro descendían poco a poco, insensiblemente 

Yvette Sarrut.- El reloj y la campana eran complementarios. Marcaban el ritmo de la vida en el pueblo. Las campanas eran además el principal medio de comunicación. Cada sonido tenía un significado.

Jacqueline Molinier.- El verano aquel vino tormentoso en las tierras de la Alcarama. Raro era el día, en la primera quincena de Julio, cuando clascaba ya la cebada y brillaba el oro de los trigales esperando la hoz, que no aparecían amenazadoras nubes al caer la tarde por la sierra del Alba.

Pilar Pozuelo.- “Estas nubes vienen del mar donde han cargado y traen hasta aquí el agua, vuelan arrastradas por el viento y son muy rápidas, del mar aquí se plantan en un periquete”, juraba y perjuraba el tio Co que las había visto cargando agua en el mar cuando hizo la mili en África.

Pilar López Castillejo.- El invierno envolvía el pueblo en su sudario blanco. Los seres humanos y los animales quedaban recluidos en las casas. Sólo los penachos de humo de las chimeneas daban señal de que allí había vida. El silencio era total por la noche, un silencio metafísico en el exterior si no había úrguras clamando por las callejas.

Gloria Milón.- El trasnocho era como los programas del corazón de la época. Las mujeres, jóvenes y viejas, estas últimas con su saya, su toquilla y su pañuelo oscuro en la cabeza, se reunían en las noches de invierno al calor de la majada, bajo la luz de un carburo o una lámpara de petróleo pagados a escote.

Carmen Soto.- Mi madre había amasado y estaba metiendo la masa de las hogazas en el horno. Hacía calor y yo tenía sed… Entonces ocurrió lo inesperado.

Claude Sarrut.- Pero la principal misión de mi madre, aparte de sacar a los hijos adelante, fue cuidar de sus padres con extraordinaria delicadeza hasta que, con más de noventa años el abuelo y unos menos la abuela, cerraron los ojos para siempre con unos meses de diferencia.

Anne-Marie Marco.- El caso es que tanto me llegó a obsesionar el sol que me pasé tardes y tardes observando el punto exacto en que se ponía, a la derecha del Castillo, según miraba desde la alameda del ejido.

Jacqueline Lacombe.- Un día se perdió doña Victoria, la maestra. Todo el pueblo, incluidos los niños de la escuela, salimos a buscarla… En Sarnago no había más que una escuela. Como ya te he dicho, estaba en la plaza, cerca de las eras, debajo de la vivienda del maestro.

Anne-Marie Goujon.- Doña Victoria, una maestra interina con escasa preparación y a punto de jubilarse, no contaba con el aprecio de las familias… Pero la gota que colmó el vaso fue cuando se empeñó en convencer a los niños de que la hora tenía 50 minutos.

Pilar Pascual.- Te decía que uno de los distintivos de la fiesta de Sarnago son las móndidas y el mozo del ramo, cuyo origen se desconoce, lo que ha dado pie a diversas conjeturas.

Michèle Hoffmann.- En la primavera avanzada, con los primeros calores, era el tiempo del esquilo… Los esquiladores pasaban horas con el cuerpo doblado sobre las ovejas. Después de un rato sus pantalones, lo mismo que sus manos, brillaban con la grasa de la lana, y el sudor les caía por el rostro.

Y el cantautor Michel García cantó “La era vacía”, que a mí acabó de emocionarme:

Así se quedan las eras

cuando el trigo no viene a ellas.

Mira, hijo, cuánta hierba,

qué debajo está la piedra…

Con el estribillo, animoso a pesar de todo, con el que invito a los lectores a brindar:

¡Anda, María,

baja el porrón!

Anuncios