PRIMAVERA

por elcantodelcuco

Seguramente lleva razón Gala y en una rosa caben todas las primaveras, lo mismo que una teja antigua de la casa del pueblo contiene el universo entero y en una caracola, si la acercamos con cuidado y convicción al oído, resuena todo el mar. El caso es que la primavera, que la sangre altera, llegará oficialmente sin hacer ruido, sin que nadie sepa cómo, este jueves, 20 de marzo, a las seis menos tres minutos de la tarde. Y no hay quien la pare. Como dice Neruda, “podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera”. En este amanecer del primer dia del equinocio florido la vida empieza de nuevo y hasta la sombra de uno parece más vigorosa. Como una confirmación de que todo empieza siempre, dicen hoy los periódicos que los científicos han alcanzado a ver por primera vez a través de un potente telescopio instalado en la base Admunsen Scott de la Antártida el parpadeo tembloroso del primer día de la creación del universo hace 13.800 millones de años. ¡La primavera del cosmos, por fin, a nuestro alcance! Lo asombroso nos envuelve y no nos enteramos. El azar y la ciencia son los seudónimos de Dios cuando no quiere firmar con su nombre.

La primavera es el despertar de la tierra. Como ha escrito Khalil Gibrau, en el corazón de todos los inviernos vive una primavera palpitante. En mi pequeño jardín, sin ir más lejos, pasado el sueño invernal, han nacido las primeras margaritas para asombro de mis nietas pequeñas, que lo consideran una revelación, y, por todos los rincones, han brotado las violetas. El álamo gigante del fondo, con los pasados soles tempranos, ha verdecido ya, y el albaricoquero, recién podado, está repleto a reventar de flores rosadas sobre las que disfrutan las abejas y las avispas y zumban los abejorros. Por San José llegarán de África las primeras golondrinas exploradoras, seguidas de cerca por los ruidosos ocetes. Es el tiempo de sembrar los garbanzos y los tardíos. Las ovejas están pariendo los corderos pascuales. El agua pura del deshielo canta en los regatos. Por la sierra azul asoman las primeras nubes de tormenta como vellones de lana sucia. No tardará en tronar. Si en marzo oyes truenos, apuntala el granero, dice el refrán. Y este otro lo confirma: Si se oyen truenos en marzo, el abad comerá pan blanco. Así que sean bienvenidas las tormentas, que son las tracas alegres del cielo para celebrar la llegada de la primavera, haciendo la competencia con ventaja a las fallas de Valencia.

En las Tierras Altas la primavera llega con retraso. Hay que tener paciencia. Poco a poco despertarán los sembrados, aplastados aún por las heladas, nacerán en los abrigos de las herrañes, entre los olmos, las primeras violetas, brotarán los zaragatos del barranco, aparecerán los morrenglos amarillos en los ribazos y moverá el monte, ahora todavía oscuro y yerto, con nieve dura en las umbrías. Eso aún tardará. En marzo, la veleta ni dos días está quieta. Marzo marceador, de noche frío y de día sol. Los viejos aprovecharán el calorcillo de mediodía para sentarse en el carasol de la plaza y compartir con sus colegas la petaca y los recuerdos. Y las mujeres se atreverán también con lo bueno del día a sacar el cesto de la costura, reunirse en corro y reanudar el hilo de los trasnochos. Pero no hay que fiarse. Hay que mantener la lumbre encendida en la cocina y acarrear fajos de ulagas de los costeros secos de la solana para encender el horno. En mis tierras de la Alcarama aún falta el último cordonazo del invierno. Eso no falla. Cuando salga marzo y bien entrado abril, las nubes a llorar y los campos a reir. Es cuando llegará allí de verdad la primavera con las abarcas cubiertas de flores. Hace tiempo que en la ciudad, con la primavera adelantada, han florecido los besos adolescentes en los bancos del parque.

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