HABLEMOS, PUES, DEL CUCO

por elcantodelcuco

 

Hablemos, pues, por una vez del cuco, ese pajarraco que anuncia la primavera, ahora que parece que escampa en España. A estas alturas los cucos ya han abandonado los bosques ecuatoriales del África subsahariana, donde invernan y han recorrido la misma o parecida ruta que siguen los emigrantes hasta las puertas de Ceuta y Melilla. Ahora mismo van acomodándose en nuestros montes a la espera de poder ocultarse bajo las hojas nuevas. A mediados de abril, si no se tuerce el tiempo, cantarán en las Tierras Altas de la Alcarama. Su monótono canto -cu-cu- alegrará el corazón de los campesinos, de los pastores y de los muchachos.

 

Si el cuco no canta

el 15 de abril,

es que está malito

o se va a morir.

 

Se lo presento a ustedes. Su nombre técnico es “cuculus canorus”, mide unos treinta y dos centímetros. Copio literalmente su descripción: Cabeza y dorso gris, partes inferiores barradas, se distingue del gavilán por su pico fino, alas puntiagudas y cola moteada. Los jóvenes son castaños y barrados, con manchas blancas en la cabeza. Cantan el macho y la hembra. Su aspecto es más fiero que dulce. Parece, a primera vista, un pájaro valiente y de cuidado. Astucia no le falta. La hembra vigila un largo territorio observando los nidos en construcción, en los que poner sus huevos. Estos nidos pueden ser de cuervos, carriceros, acentor común, bisbitas, chochín, petirrojo o lavandera. Cualquiera es bueno. La hembra del cuco llega a poner doce o trece huevos, cada uno en un nido distinto. Su técnica es impecable: quita un huevo y pone el suyo para que los dueños del nido no se den cuenta. Pone el huevo por la tarde aprovechando que la mayoría de las aves lo hacen por la mañana.

 

Este parasitismo le ha dado al cuco mala fama, parece que no demasiado justificada, como verán. Un trabajo realizado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, con la colaboración de varias Universidades durante dieciséis años y culminado ahora, acaba de demostrar que los pollos de los cucos emiten una mezcla de pestilencias – ácidos, fenoles, sulfuros apestosos…- que ahuyentan a las aves de presa, gatos monteses y otras alimañas que pretendían comérselos. En resumidas cuentas, el parasitismo acaba en mutualismo. A cambio de posada gratis, salva el negocio del propietario. Los nidos en los que el cuco es inquilino prosperan mejor que aquellos en los que no lo es, porque alejan a los depredadores. Como tantas leyendas negras, ya era hora de acabar con la que pesaba sobre el pájaro, no precisamente pinto, que anuncia la primavera. Más que parásito de derechas, holgazán, aprovechado y de mala ralea, como rezaba su mala fama, el cuco parece más bien un pájaro de izquierdas: repudia la propiedad privada, paga religiosamente su alquiler, es solidario, se adapta a comer lo que le den -insectos, arañas, ciempiés, lombrices o semillas, depende de en qué nido nazca-, vive en libertad sin ataduras familiares -los cucos no conocen siquiera a sus padres- y cantan para todos los habitantes del bosque. Parecen algo anarquistas. Su individualismo, sin embargo, les aleja de los movimientos sociales, de los bandos y de los alborotos. Emigra de noche y en solitario. Así recorre miles de kilómetros, desde los bosques tropicales de África, cruzando el Sáhara y el mar, hasta nuestros montes, y al revés, en esa perenne trashumancia transoceánica. Quiero hacer notar este asombroso instinto del cuco joven, su sentido innato de la navegación. Vuela guiado por un fuerte instinto de conservación y una misteriosa brújula interior.

 

En fin, después de tantos prejuicios y tanta maledicencia, se comprueba que el pobre cuco no hace otra cosa que cumplir rigurosamente la ley de la naturaleza que lleva inscrita en sus genes. ¿Quiénes somos los seres humanos, que quebrantamos cada dia la ley natural y nos saltamos las otras leyes hasta poner en peligro el ecosistema, para juzgar negativamente el comportamiento de esta ave peculiar que canta y va por el monte sola? Como dijo Aristóteles reiteradamente, la naturaleza no hace nada sin propósito o sin utilidad. Con esto quiero decir que hay cuco para rato, si no les importa. Y, para compensar, a este cuco no le disgusta, sino todo lo contrario, que otros pájaros -con perdón- pongan los huevos en su nido. Así nos libramos entre todos de los depredadores.

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