UN SMS DESDE SARNAGO

por elcantodelcuco

 

Iba yo camino de Soria el Jueves Santo por la mañana cuando me sonó el móvil. Era un mensaje desde Sarnago. Esa era la novedad. Me lo enviaba Josemari Carrascosa, el activo presidente de la Asociación. El SMS decía así: “Un dia impresionante en Sarnago. Manuel, el hijo de Manuela, esta mañana ha escuchado al cuco cantar en El Cubillo”. La noticia me alegró el dia. Desde luego, este año se ha cumplido a rajatabla en el Jueves Santo lo de “tres jueves hay en el año que relumbran más que el sol…” Lo he podido comprobar en El Valle, la verde comarca que llaman “la Suiza soriana”, con nieve en la Cebollera y cigüeñas en la torre, donde acostumbro a recogerme. ¡Qué dias por los senderos del monte y de los prados! Me imagino el baño esplendoroso de luz envolviendo las Tierras Altas de la Alcarama. ¡Qué envidia! En ningún otro lugar la luz es el paisaje como allí, lo mismo que, para Umberto Eco, el medio es el mensaje, o el hombre es el paisaje, para Amiel. El que haya tenido la suerte de contemplar desde la balconada del pueblo recostado en la ladera, o, mejor aún, desde el cerro del Castillo, desde el Cogote de la Hoya, desde El Cubillo o desde la Serrezuela, el amplio paisaje bañado de esa luz especial un dia así, limpio y sereno, “impresionante”, cuando apunta ya la primavera tardía, asoma el verde tímido de los sembrados, entre el ocre y el pardo de la barbechera, mueve el monte, alegra el verde de los pinos laderas y cabezos y se oye por fin cantar al cuco, no lo olvidará nunca.

 

Esta vez el mensaje desde Sarnago, donde ni siquiera asfalta la Diputación los cuatro kilómetros de camino entre ribaceras hasta el puente de San Pedro, me ha traído otros recuerdos de la infancia que he debido de tocar ya en alguno de mis libros, pero que vienen aquí a cuento. La abuela Bibiana, que, como tengo dicho, no creía que la Tierra era redonda, diría que esto era cosa de brujería. ¡Cómo iba a comunicarme por escrito desde la Alcarria con Sarnago, metido en un coche! Las cartas sólo podían llegar, con unos días de diferencia, metidas en un sobre y traídas a casa por el tío Tomás, el cartero, que llamaban “El Sordo”. ¿Qué diría si me viera hablar con Jimena , en Australia, en la otra parte del mundo, por skype, cara a cara? Y esto no ha hecho más que empezar, abuela; hemos entrado en la época de los teléfonos inteligentes. ¡Que no, hombre, que no -diría ella-, tiene que ser cosa de brujería o del demonio! Y sería imposible convencerla de los increibles avances de la ciencia y de la técnica. Pero ¿la gente es mejor con todo eso?, insistiría ella. Y yo no sabría qué responderle. Si acaso, tendría que reconocerle que con esos aparatos, que no se caen de las manos sobre todo de los más jóvenes, se comunica uno mejor con los que están lejos y se incomunica más con los que están cerca.

 

Lo que quería decir, a propósito del SMS de Josemari Carrascosa desde Sarnago, es que cuando yo era niño para comunicarnos con la Ventosa, el pueblo donde ejercía de secretario el tio Felipe, había dos sistemas: uno era el Sagasta, el perro fiel e inteligente del abuelo Natalio. Le colgaban al cuello el mensaje y el Sagasta hacía de correo, recorriendo por trochas y veredas la legua y pico que va de un pueblo a otro. Y cuando había que confirmar, por ejemplo, que los abuelos, pasito a pasito, habían llegado sin novedad, el sistema era luminoso. La comunicación se establecía en noche cerrada. En toda la extensión de la mirada no había ni una luz porque aún no había llegado la luz eléctrica. Desde un altozano, a la salida de la Ventosa, se encendía un pequeña hoguera de ulagas, que indicaba que todo estaba bien. (Alguna vez participé yo en esta operación cuando fui a la escuela unos meses con don Deogracias, el maestro de la Ventosa, porque ese año no había maestro en Sarnago). Y desde el balcón de la casa con una vela y un espejo se respondía, haciendo señales, que se había recibido el luminoso mensaje tranquilizador. Bueno, aquí tengo que terminar. Me manda en este momento un mensaje Jimena desde Australia rogándome que me conecte al skype, que Noa, mi nieta, está despierta.

Anuncios