TRES ACUSES DE RECIBO

por elcantodelcuco

Por fin, la nieve. El reclamo más poderoso para volver a la infancia. He repasado cuidadosamente las predicciones del tiempo y he llegado a la conclusión, con escaso margen de error, de que está nevando esta semana en las Tierras Altas. Tengo dicho que el invierno es allí la estación más característica y más larga. Me reafirmo en ello y hacia allí me dirijo. El blanco manto envolverá el pueblo y cubrirá las ruinas de la iglesia bajo el arco acogedor y descarnado, que aún resiste milagrosamente. Lo digo porque la tarea de este año, según José Mari Carrascosa, el presidente de la Asociación de Sarnago, o sea, la hacendera programada, es iniciar el desescombro y la reconstrucción del templo parroquial, dedicado a San Bartolomé, con el ánimo ecuménico del doble uso: que sirva para acoger actividades religiosas y cívicas. O sea, que vuelva a ser la referencia principal del pueblo, tanto de lejos como de cerca, para lo que habrá que reconstruir también el frontón y la espadaña del campanario. Y entonces se convertirá en una señal de vida y esperanza, volverán a sonar las campanas, aunque no haya un alma en varias leguas a la redonda, y, si hubiera un viajero curioso o perdido en algún camino intransitado, dirá para sus adentros: “¡No todo está perdido!”. Esos son los ambiciosos planes, no exentos de dificultades, de los que pienso informar aquí a su tiempo con todo detalle para abrir entre todos el abanico de las sugerencias. Hoy es sólo un primer acuse de recibo. Adelanto que esto me parece mucho más que un gesto noble y nostálgico. Entra de lleno en la realidad simbólica, que es la que suele acabar siendo determinante. ¿Un sueño?, ¿un pulso del hombre al destino?, ¿una manifiesta voluntad de resistencia de una tierra dejada de la mano de Dios?, ¿un poderoso grito de piedra y bronce en medio del atronador silencio? Todo eso y mucho más.

El segundo acuse de recibo es para César Ridruejo, pintor, nacido en Navabellida, el pueblo más visible desde Sarnago, en la falda de la sierra azul, cerca de Oncala, donde pastaron las merinas. Hoy la sierra no aparecerá tan triste y oscura tras el abandono general porque la cubrirá la nieve, que alegra la vista y disimula la desolación. César, que acostumbra a colaborar en la revista de Sarnago, tiene abierta desde hace unos dias una exposición en Tudela, adonde bajaron a vivir muchos de los que dejaron en su dia, cuando la gran emigración, las Tierras Altas. La exposición se titula “Fuentes y vida”. Como yo mismo y tantos otros, César retorna en sus óleos a los lugares de su infancia, a nuestros pueblos abandonados. Es significativo este regreso de escritores, poetas, pintores, fotógrafos y músicos a recoger, cada uno a su manera y con el arte que Dios le dio, los despojos de esta milenaria civilización rural que se acaba, y este ejercicio de la resistencia discreta mediante el arma de la cultura. “Mi pintura -escribe César Ridruejo- intenta ser una oda a aquellos pequeños pueblos, a sus costumbres, a su artesanía popular en forma de puertas, ventanas, gateras, argollas… También es un empeño de conocerme a mí mismo, de que sigo vivo…” Puede que, en el fondo, eso sea lo que buscamos todos: reencontrarnos con nosotros mismos. César lo hace a través de los paisajes familiares de la infancia, en los que no faltan gallos, perros y corderos naciendo. Uno tropieza con puertas rústicas, claveteadas, de la majada y, al fondo de la puerta entreabierta, el gallo o unos corderos; o con la fuente del pueblo y el pilón. ¿Hay algo más triste que una fuente con un caño dando un chorro generoso de agua en un pueblo deshabitado y un bebedero rebosante al que no se acerca a beber ningún animal? Pero el pintor de Navabellida asegura que el que se acerque a su obra sentirá “serenidad y optimismo”. Puede ser.

Mi tercer acuse de recibo es para Jorge Sanz, fotógrafo, que acaba de publicar un interesante libro de fotografía, titulado “Ayer y tan lejos”, que sigue un recorrido parecido al anterior y del que sólo conozco algunas muestras excelentes, con las que sintonizo de lleno. Asegura Jorge que le han ayudado en su trabajo mis libros de la Alcarama y este blog en el que estamos. “Con decirle -me da como prueba de ello- que hasta he retratado a la Romana de Valdenegrillos guardando el burro en la cuadra; eso sí, discretamente, para no ofender a la buena mujer”. ¡Bendito sea Dios! Este intercambio de imágines, ideas, impresiones y sentimientos, este diálogo en el sentido socrático, siempre es de provecho. Cuando tenga en mis manos el libro de Jorge Sanz me ocuparé aquí mismo de él con detenimiento. Seguro que vale la pena. Es como si una fuerza extraña y misteriosa nos hubiera ido reuniendo a gentes distintas, de toda edad y condición, con la misión de salvar del olvido a estas tierras pobladas de pueblos muertos, que aparecen hoy cubiertos con un piadoso manto blanco a modo de sudario.

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