SOBRE LA MUERTE DE SORIA

por elcantodelcuco

La última entrada de este blog sobre la muerte callada de Soria, la provincia más despoblada de España y de Europa, ha provocado una especie de “ciclogénesis” explosiva. Nunca, desde que el cuco se puso a cantar, su canto había sido tan escuchado y desde tan lejos. En vez de anunciar la primavera ha sonado a canto fúnebre y ha producido sobresaltos, sobre todo en las alturas. Nunca habían llegado tantos comentarios, unos aplaudiendo, otros torciendo el gesto y los más mostrando inquietud o rabia o desconsuelo. También han surgido los gritos desesperados del náufrago por si alguien le echa una mano un instante antes de sucumbir rendido. Más de uno ha puesto el dedo en la llaga. Ha habido denuncias y algunas sugerencias interesantes. Y no han faltado los silencios de la resignación, que se niegan a llorar y a seguir el consejo del poeta hispano-árabe Ibn Quzman: “ Hay que llorar, aunque la resignación sea más útil, pues quien ha muerto no ha partido para regresar”. Ante todo, se concluye, pocos de los supervivientes en el alto llano numantino o en la diáspora de los expatriados, que vivimos en nuestro particular exilio, estamos dispuestos en esta hora de la verdad a perder la dignidad ni, por supuesto, a renegar de nuestro arraigo. Si un día Soria se muere, que sea de pie, como hacen los robles del monte de mi pueblo o los olmos del Duero, hendidos por el rayo. Nunca el pardo desamparo invernal de la tierra soriana había tenido tal correspondencia en el tono contenido de las palabras y de los sentimientos, como los que nos han llegado estos días. No hace falta indicar que las autoridades se han callado como muertas, quietas, agazapadas en la mata hasta que pase el temporal.

La avalancha, como digo, ha sido incontenible. No tengo más remedio que hacer un recuento, aunque sea a ojo de buen cubero, y agradecerlo. Sin contar el día de hoy, martes 17, el comentario “Soria se muere” había recibido 3.025 visitas, superando todas las marcas del blog, la mayoría de ellas de España, pero también de medio mundo. He aquí la lista provisional con el número de visitas entre paréntesis: Gran Bretaña (39), Estados Unidos (34), Alemania (21), Argentina (13), Francia (7), Irlanda (6), Rumanía (6),México (4), Bélgica (4), India (3), Italia (3), Uruguay (3), Turquía (3), Bolivia (3), Ecuador (3), Holanda (2), China (1), Costa Rica (1), Puerto Rico (1), Chile (1), Perú (1), México (1), Guatemala (1), Kenya (1), Suecia (1), Suiza (1), Portugal (1), Panamá (1), Guatemala (1), Polonia (1), Dinamarca (1) y Brasil (1). Y, aparte de los comentarios publicados, me han llegado al correo mensajes tan significativos y contundentes como el de Julio Llamazares, el autor de “La lluvia amarilla”, inspirada en Sarnago y que habla de la despoblación, y de la novela recién aparecida “Distintas maneras de mirar el agua”, que arranca de la desaparición de su pueblo, Vegamián, en León, anegado por un pantano. “Te pueden obligar a todo menos a no recordar”, ha dicho a este propósito Llamazares, para el que “la memoria histórica de un país es su literatura”. Esto me ha escrito a mí: “Impresionante, ciertamente. Y la verdad es que, más que una campaña defendiendo la supervivencia de una provincia (la de Soria en este caso), habría que hacerla ya pero de toda la España interior, con excepción de Madrid y Valladolid. Cada vez está más claro que hay dos Españas, la de la periferia y la de la meseta, una creciente y otra menguante, y que encima la que más se queja y exige es la más boyante”. Lleva más razón que un santo. ¡Las dos Españas, otra vez! Hace falta un gran proyecto de Estado para llevar a cabo el equilibrio demográfico de la nación. Hace unos días, comentando esta entrada del blog, me confesaba un conocido exministro: “Llevas razón, el problema demográfico es ya de escándalo; sin duda, uno de los asuntos más importantes y más graves que tenemos”. Pero no estaría mal, digo yo, empezar este experimento de regeneración por Soria -la más abandonada, la más incomunicada…- antes de que le llegue casi en silencio la muerte anunciada.

He aquí algunos datos estremecedores: La provincia de Soria ha perdido más del 40 por ciento de la población en los últimos 50 años. Ocupa el 2,4 por ciento de la superficie nacional y está habitada por el 0,2 por ciento. La mitad de sus 183 municipios cuentan con menos de cien habitantes. Sólo superan los cinco mil habitantes tres poblaciones: Soria capital, Almazán y El Burgo de Osma, ¡y bajando!, según el último censo, lo mismo que el resto de las cabeceras de comarca. Toda la provincia alberga poco más de 80.000 almas, con una población envejecida. El caso es que se mueren más de los que nacen. Sólo crecen los vecinos instalados en el cementerio. Las declaraciones del alcalde de Gómara al “Heraldo de Soria”, que nos envía José Antonio Alonso, no pueden ser más reveladoras de la situación desesperada que atravesamos. Gómara, cabeza de una ancha y rica comarca cerealista -los legendarios Campos de Gómara, granero de la provincia- se muere. Dice el alcalde que en los últimos tres años y medio la villa ha perdido 110 empadronados, casi la mitad de los vecinos, la mayor parte de los cuales se han empadronado en el cementerio. Y teme que “en quince años la localidad esté despoblada”. Hasta la gasolinera del pueblo ha cerrado. Gómara no es una excepción. Esa es la tendencia general. En la comarca de las Tierras Altas, que un día fue el centro de la Mesta, quedan menos de dos habitantes por kilómetro cuadrado. Laponia y el desierto del Sáhara tienen más. Para que se caiga el alma a los pies, basta un recorrido por el entorno de San Pedro Manrique, cabecera de la comarca, rodeado de pedanías despobladas que cuando yo era niño rebosaban vida. Esta es la lista de este “cementerio de pueblos”: Acrijos, Armejún, Buimanco, Fuentebella, Matasejún, Sarnago, Taniñe, Vea, Ventosa de San Pedro, Villarijo, Valdelavilla, El Vallejo, Las Fuentes. Palacio, Peñazcurna y Valdemoro. (Todos pertenecen ahora al Ayuntamiento de San Pedro. Sólo en dos o tres de los que figuran en esta negra lista sale este invierno humo de alguna chimenea).

Hay que sembrar esperanza, te recriminan. Pues tomen nota de lo que viene. El líder de una de las fuerzas políticas emergentes ha presentado hoy su programa, en el que propone liquidar las Diputaciones y reducir el número de Ayuntamientos a mil en toda España. No es el único. Esos son los planes. O sea, el hachazo definitivo. Sin Gobierno provincial y sin Ayuntamientos, ya me dirán qué queda de Soria. Las ruinas, el paisaje y la memoria. Sólo eso. Ni polvo en los caminos.

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