¡SORIANOS TODOS!

por elcantodelcuco

Es tal la degradación, que ha llegado el momento de alzar la voz. No queda otra salida que invitar a todos los sorianos, a las gentes que aman nuestra tierra y a los que tengan sentido de la equidad a que se unan a nosotros para evitar, si es que aún estamos a tiempo, la muerte de Soria y su desmembración. Ese es el propósito del Manifiesto que prepara la Casa de Soria en Madrid para difundirlo el próximo 23 de Abril, Día de la Comunidad y de los Comuneros, que coincide con el día que murió en el hospital de Soria el Aurelio, último vecino de Sarnago sin que nadie recogiera su cadáver, y con el día de la muerte de Cervantes. Tres días antes de morir, el autor de “Persiles y Segismunda” escribió la siguiente dedicatoria al Conde de Lenos, su patrocinador: “Puesto ya el pie en el estribo, con las ansias de la muerte, gran señor, ésta te escribo. Ayer me dieron la extramaunción y hoy escribo ésta. El tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan, y con todo esto, llevo la vida sobre el deseo que tengo de vivir”. Apliquemos esta singular y patética dedicatoria a la agonía de Soria, cuando el tiempo es breve, las ansias crecen y las esperanzas menguan. Destinémosla a los políticos instalados, a los poderosos políticos de relumbrón, sobre todo a los nacidos en nuestra tierra, y a los que aspiran ahora a instalarse en las confortables poltronas del poder. Pongamos sello de urgencia y remitamos el Manifiesto a Valladolid, a Madrid y a Bruselas. En su manos está nuestra suerte o la culminación de nuestra desgracia.

José María Aceña, el activo presidente de la Casa de Soria, con buen criterio, arranca el Manifiesto con los antecedentes, para que nadie se llame a engaño. Cuando no se conoce la historia, hay grandes posibilidades de que se repita. Y el que avisa no es traidor. Corría el año 1883 cuando “la provincia de Soria fue desmembrada por tres de sus cuatro costados”. El Gobierno de la época, de la mano de Javier de Burgos, sin razón alguna, para crear la novísima provincia de Logroño, rebanó a Soria por el norte casi 2.000 kilómetros cuadrados: los Cameros, región ganadera, patria de la Mesta y de las merinas trashumantes, y las ricas huertas de Aguilar del Rio Alhama, Cervera, Calahorra y Alfaro. Por el sur le dio a Guadalajara la mitad de las tierras del Ducado de Medinaceli y todo el enclave de Atienza: otros 2.000 kilómetros cuadrados. Y por el oeste entregó a Burgos hasta el monasterio de la Vid, recreación y regalo de los obispos de Osma a la Orden Premonstratense. Eso es lo que pasó. “Han pasado 180 años -advierte Aceña- y, si los sorianos no lo remediamos, nos van a desmembrar otra vez y de forma total y definitiva”.

Los datos de la progresiva despoblación de la provincia son apabullantes. Como indicaba en mi entrada reciente en este blog, titulada “Soria se muere”, cuya repercusión fue inimaginable, no sólo hay cada vez más pueblos pequeños muertos o semidespoblados, sino que, según el censo del último año, disminuyen también los vecinos en Soria capital y en las cabeceras de comarca. En toda la ancha y variada extensión de la provincia, 10.306 kilómetros cuadrados, quedan poco más de 80.000 habitantes, bastante menos que el pueblo madrileño de Las Rozas donde vivo. He aquí los frios datos, que se me antojam inapelables: Con la excepción de Golmayo, aliviadero de la capital, y Ólvega, donde hay un foco industrial, y ésta por muy poco, todas las localidades sorianas han tenido el último año un severo descenso vegetativo. Quiero decir, que se mueren más que los que nacen. Ésta es la lista negra: En Ágreda nacieron 18 y murieron 34; en Almazán, 43 nacimientos y 63 defunciones; en Arcos de Jalón nacieron 10 y fallecieron 33; en Berlanga, 5 bautizos y 22 funerales; en El Burgo de Osma, patria de Dionisio Ridruejo y de Juan José Lucas, 45 nacimientos frente a 63 muertos; en Covaleda nacieron sólo 3 niños y murieron 19 personas, los mismos muertos que en Duruelo donde nacieron 7 niños. En Langa, la relación nacimientos-muertos es de 5 a 6; en Medinaceli, 5 a 17; en San Leonardo, 6 a 13; en San Pedro Manrique, 2 a 13; en Vinuessa, 6 a 13, y en San Esteban de Gormaz, la estadística más sangrante, nacieron 9 personas y murieron 48. Los pocos curas que quedan, la mayoría mayores, van, los pobres, de funeral en funeral. La muerte se enseñorea de Soria. “Ante este panorama demográfico -concluye José María Aceña- estamos abocados a la despoblación y, con el tiempo, a la segunda y más que segura desmembración provincial”. Las Tierras Altas, cuyas aguas -el Alhama, el Linares, el Cidacos…- van al Ebro, se incorporarían a la Rioja; Aragón se quedaría con la Tierra Ancha de Agreda y la comarca del Jalón, y el resto, parte a Burgos, parte a Segovia y parte a Guadalajara. El reparto sería fácil si no hay resistencia. De ahí el angustioso llamamiento a todos los sorianos en esta hora decisiva. El presidente de la Casa de Soria en Madrid concluye: “Sólo nos queda la repoblación si queremos seguir siendo provincia de Soria”.

Es la hora, pues, de la resistencia. Nos estimula el ejemplo de los comuneros y de los numantinos, nuestros ancestros. Si hay que morir, muramos con dignidad. Alguien tiene que responder de este desbarajuste y de tanta iniquidad. Hablamos del mayor desierto demográfico de la Unión Europea. Urge un plan integral -comunicaciones, estímulos fiscales, etc.- para que una de las provincias españolas más cargada de historia y de cultura, que fue cabeza de la Mesta y de la Celtiberia, recupere el pulso. Antes de salir con las horcas a la calle, este Manifiesto quiere ser un grito pacífico de socorro. Aunque las esperanzas menguan, tenemos deseos de vivir.

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