QUERIDOS REYES MAGOS

por elcantodelcuco

Queridos Reyes Magos: Como veis, no he podido resistirme. Bien sabe Dios que este año pensaba no importunaros con mis deseos y ocurrencias, que bastante tenéis con las peticiones de los niños y, sobre todo, con atender a las interminables caravanas de refugiados, que vienen, como vosotros, de Oriente huyendo del hambre, la persecución y la guerra. Ni siquiera hay una estrella que les guíe. En los míseros campamentos, entre alambradas y ateridos de frío, centenares de niños os esperan esta noche. No los defraudéis. También los desesperados que vienen por el mar en barcazas abarrotadas a las costas del Egeo y los que viven perseguidos y aterrorizados en vuestras propias tierras de origen, sobre todo en Siria y en Iraq. Árabes y persas andan a la greña. ¿Qué os voy a decir que no sepáis del desierto ensangrentado de Libia, de Yemen o de Palestina e Israel? En la explanada de Belén donde estaba el establo -¿recordáis?- hay esta noche hombres armados que vigilan la iglesia de la Natividad. A Baltasar no hará falta hacerle ver la muchedumbre de africanos que recorren, desarrapados, miles de kilómetros para intentar entrar en Europa en pateras o saltando alambradas. Seguro que más de uno de ellos representará esta noche al rey negro en alguna de las cabalgatas. Otros estarán de manteros en el centro de la ciudad. Todo esto no os pilla de nuevas. También vosotros tuvisteis que salir a uña de camello de Belén antes del amanecer para evitar los sanguinarios planes de Herodes, de los que no pudieron librarse, como sabéis, los niños recién nacidos, los inocentes de la comarca. No sé si estaréis de acuerdo conmigo, pero creo que, más de veinte siglos después, el número de los “herodes” se ha multiplicado en el mundo, se sigue matando en nombre de Dios, los niños continúan siendo las primeras víctimas de la guerra y la pobreza y me temo que, si no os hubierais convertido en invisibles, las barreras de todo orden os impedirían hacer hoy vuestro viaje siguiendo la estrella.

Quiero decir con todo esto que me parecía una frivolidad entretener vuestra preciosa tarea con mis ridículas peticiones. Por eso había decidido no interrumpir vuestro camino con impertinencias de viejo cascarrabias. Pero a medida que se acercaba la hora de vuestra llegada me he sentido removido por dentro y devuelto a la infancia. Un fuerte impulso interior me ha llevado de pronto a ponerme delante del ordenador a escribiros esta carta. Espero que no lo toméis a mal. Me hubiera gustado escribiros, a lápiz o con aquella plumilla que había que mojar en el tintero de la escuela, en una hoja del cuaderno azul que acabo de sacar de la arqueta de mis intimidades y que tengo ahora sobre la mesa. Don Juan, el maestro, escribió en la portada con tinta roja “Dictado y Problemas”. Lo abro y, en efecto, contiene dictados, con textos sacados del Quijote, y problemas debidamente corregidos. Abarca del 25 de septiembre al 7 de octubre de 1948. Me parece que fue el año en que os escribí la primera y creo que última carta de mi niñez. No sabéis la ilusión que me hacía escuchar por la noche vuestros pasos en el cuarto del reloj, completamente a oscuras -aún no había llegado la luz eléctrica- mientras fuera nevaba mansamente. Al otoño siguiente dejé el pueblo y salí a estudiar fuera. Al internado del seminario no venían los Reyes Magos. Nunca me dijeron por qué. Esa es la deuda que tenéis conmigo. Al dejar el pueblo, perdí mi infancia. Supongo que, escribiéndoos ahora, lo que pretendo es recuperarla.

No os pido nada. Ni pienso ver por televisión esas aparatosas caravanas comerciales, municipales y espesas que dicen que os representan. En algunas, supongo que os habéis enterado, mi siquiera figuran los camellos y en vuestro lugar desfilan, por eso del feminismo mal entendido, reinas magas, ¿qué os parece? Cada día hay más empeño, como habréis notado, en desfigurar la hermosa historia original, con copias horrorosas, realizadas por incrédulos y tontos de capirote. Pero no os desaniméis y seguid viniendo para contrarrestar esa caterva de “papanoeles”, equipados con los colores de la coca-cola y con ridículo gorro rojo, que intentan desplazaros, y llenad de ilusión el corazón de los que aún somos niños. Y cuando esta noche fría, supongo que bajo la nieve, lleguéis en silencio, como de costumbre, por el camino de Valdenegrillos, -no dejéis de deteneros allí en la casa de la Romana, que está sola con su gato- , crucéis el collado del Robledo, donde ha subido el pinar, bordeando la Alcarama y bajéis hasta Sarnago, os toparéis enseguida con las ruinas de la iglesia. Bendecidlas, si no es mucho pedir, y rogad a Dios que este año empìece por fin la reconstrucción. En el pueblo tendréis poco trabajo. No saldrá humo de ninguna chimenea y en ninguna ventana habrá unos zapatos esperándoos. En mi casa, la del balcón que da a la plaza, tampoco. Pero yo soñaré esta noche que me dejáis en el cuarto del reloj unas botitas nuevas, una manzana o un caballo de cartón. Gracias.

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