POR UNA VEZ HABLEMOS DE POLÍTICA

por elcantodelcuco

Aseguro que esto es una excepción. Prometo que no voy a abandonar en “El canto del cuco” mis relatos del mundo rural, cargados de realidad y de sentimiento, para caer en la tentación de mi vicio antiguo y persistente de analista político. Prefiero atender el grito de la sangre y de la tierra a hacerme eco del griterío de la política, que nos ha conducido a todos al hastío y hasta a la náusea. ¡Las espumas de la política!, que decía Unamuno. Lo que pide el cuerpo a cualquiera es desentenderse diciendo: ¡Con su pan se lo coman! Pero lo que ocurre está pasando de castaño oscuro y nos atañe. La incapacidad de los representantes del pueblo nos está arrastrando al borde del precipicio o, evitando dramatizar en exceso, a un callejón sin salida. Más de nueve meses sin Gobierno, que es el tiempo de gestación de un ser humano, y sin que se vea forma de desenredar la madeja, me ha llevado a proponer en la prensa nacional una salida imaginativa que someto literalmente a la consideración de los seguidores de este blog por si podemos ayudar entre todos a salir del atolladero. Y ya metidos en política, tengo que recordar, como dato significativo, para que no se me olvide, que en los largos y tediosos debates parlamentarios no ha habido ni una mención a la España vacía y al escándalo del creciente desequilibrio demográfico que es, sin duda, uno de los grandes problemas nacionales pendientes.

El caso es, después de tanta palabrería inútil, que no se trata de hilvanar una investidura con retales gastados y descoloridos de aquí y de allá, sino de construir un Gobierno sólido con las ideas claras y suficiente respaldo parlamentario, capaz de impulsar las transformaciones precisas, abordar el problema regional, consolidar la recuperación económica, afianzar el Estado de bienestar y pisar fuerte en Europa. Una investidura prendida con alfileres conduce a un Gobierno maniatado e inútil. Ni Mariano Rajoy (PP) ni Pedro Sánchez (PSOE), que han sufrido ya el rechazo del Parlamento, están hoy en condiciones de encabezar un Gobierno fiable. El dirigente popular y presidente en funciones, porque, con independencia de sus méritos como gobernante en una coyuntura muy difícil, carga con la responsabilidad política de las corrupciones de su partido y sufre el rechazo de todas las fuerzas de la oposición, incluido el de su socio de ocasión, el ciudadano Albert Rivera. (Había que ver la cara ojerosa de éste en la pasada sesión de investidura y el escaso entusiasmo de la bancada de los suyos votando “sí”). Y en el caso del dirigente socialista, por su fracaso electoral, lo reducido de su grupo parlamentario, su débil liderazgo dentro del partido, lo discutible o peligroso de los apoyos en que se sustentaría y su pérdida de crédito en todo este penoso proceso con la pancarta del “no” como única aportación. Ninguno de los dos, pues, está en condiciones, por mucho que se autopostulen y finjan esfuerzos de diálogo, de recibir otra vez el encargo del Rey.

Descartada, pues, por inviable, pase lo que pase en Galicia y en el País Vasco, una nueva sesión de investidura con Rajoy o Sánchez de candidatos, no queda más remedio que buscar entre todos, con generosidad y realismo, si se quieren evitar unas terceras elecciones, una salida imaginativa, que algunos propusimos ya tras las elecciones del 20-D. Hoy, la mayor parte de los observadores consultados son partidarios de ella. Se trata de la formación de un gran Gobierno encabezado por una persona de trayectoria impecable, independiente o no, aceptada por la mayoría, dialogante, de firmes convicciones constitucionales y con suficiente experiencia política. En ese Consejo de ministros, plural, con miembros de peso, debería haber, por voluntad del electorado, una mayoría del PP, junto con personalidades independientes y de otros partidos del arco constitucional. En los cenáculos y centros de análisis se barajan a estas horas media docena de nombres para encabezarlo, que se repiten en todas las quinielas desde hace meses. Hacia esta solución deberían encaminarse los contactos y los esfuerzos de los dirigentes políticos y del Rey. Se busca el “tercer hombre”, que bien puede ser mujer. Lo demás es perder el tiempo y hacernos perder a todos la paciencia.

Esta es mi propuesta, que, me imagino, no llegará a quien corresponda o se oirá como las primeras lluvias otoñales en los cristales, que agradecen, más que nada, los espantapastores de las eras, los árboles sedientos y la tierra calcinada. O sea, dicho sin adornos, me temo que la oirán como quien oye llover. Pero en un momento de grave crisis nacional he sentido la obligación moral de aportar esta ocurrencia -nunca es malo echar mano de la imaginación- aprovechando el hueco de que dispongo en este endiablado y confuso mundo de la comunicación, en el que las voces y los ecos producen hoy confusión y aturdimiento. Disculpen la desviación. Este seguirá siendo un espacio abierto, cercano y pegado a la tierra. (Veo que está lloviendo. ¡Todo llega!)

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