DESCUBRIR SORIA

por elcantodelcuco

Primero la descubrieron los romanos, después los arrieros y trashumantes, luego los poetas y ahora están a punto de dar con Soria los ingleses, expulsados, por la mala cabeza de sus políticos, del paraíso europeo. Las legiones romanas tuvieron que emplearse a fondo para dominar, a sangre y fuego, el celtibérico cerro de Numancia sobre el Duero, símbolo universal desde entonces de la resistencia de los pueblos y que ya tarda la UNESCO en reconocer como patrimonio de la humanidad. Después nos dejamos romanizar y con el latín de los invasores fabricamos andando el tiempo el castellano, la flor del romancero, una de las lenguas más claras que vieron los siglos, miel que no está hecha, por cierto, -menos mal- para la boca de Trump y compañía. Por toda la extensión del variado y hermoso territorio, en ciudades y villas y hasta en las últimas aldeas floreció el románico, que es la principal característica artística de esta tierra de iglesias y castillos inverosímiles. Durante siglos los caminos de esta provincia fría, “cabeza de Extremadura”, fronteriza de Aragón y de Navarra, donde nace el Duero y donde Castilla se acaba, han estado poblados de arrieros y pastores trashumantes, transmisores y receptores de costumbres, lenguajes y leyendas. No tardaron los poetas en descubrir la belleza escondida y la gracia incontenible de un país que parecía recién nacido. La nómina no se reduce a Machado, Bécquer y Gerardo Diego. Casi no hay poeta o novelista español -también no pocos forasteros- que no haya echado en Soria su cuarto a espadas, o, más propiamente, a copas y versos de oro.

Ahora, como digo, vienen los ingleses, antes de que los poderes públicos se enteren, incapaces de poner esta olvidada provincia castellana al día, con comunicaciones adecuadas -ferrocarril, autovías…- y con un impulso decidido al progreso y a la repoblación humana. Los gobernantes son los últimos dispuestos a descubrir Soria salvo a la hora de las elecciones. El centenario y prestigioso “The Daily Telegraph” ha publicado un informe en el que recomienda a los británicos que visiten Soria, a la que incluye entre las veinte “mejores y menos conocidas joyas de España”, “Veinte lugares sorprendentes”, según el reportaje. El periódico con una tirada que supera el medio millón de ejemplares, más que “The Times”, se pregunta cómo es posible que esta ciudad castellana, con todo lo que ofrece, no reciba más visitantes. No oculta los problemas: “A dos horas de viaje en autobús desde Madrid, Soria es una de las zonas menos pobladas de España, una provincia olvidada, en un rincón que no está de moda y con escasez de fondos para mejorarla”. Pero, a pesar de este abandono, que salta a la vista a cualquiera, “con los años ha atraído una gran cantidad de espíritus creativos, pintores, escritores y sobre todo poetas, que se han quedado hipnotizados por la belleza de sus paisajes”. La autora del reportaje se fija después en detalles que pueden atraer al turista británico: es una ciudad llena de elegantes comercios, de iglesias románicas, incluido un monasterio del siglo XII, y de una sorprendente vida nocturna. “Es increíble que haya tan pocos turistas”, concluye la reportera.

Parece un buen reclamo. Después de esto, a lo mejor se pone Soria de moda y llegan los turistas ingleses. Con trenes en condiciones sería más fácil. Viajar en autobús, desde el intercambiador de la Avenida de América de Madrid, con parada en la terminal IV del aeropuerto de Barajas, es para viajeros contados y sufridores. Yo, entre ellos. Pero, en fin, seguro que se nota. Sería conveniente que a Soria, y, en general, a la España vacía del interior, viniera un turismo de calidad, capaz de disfrutar del arte, del paisaje y de la buena cocina, más que de la cerveza barata. Sobra el zarrapastroso y camorrista turismo de alpargata y mochila, el del ruido de madrugada, del alcohol y del sexo. Para eso hay sitios mejores en la España “turística” y abarrotada de la periferia, donde hace tiempo que campea la “Guirilandia”. ¡”Liberanos, Dómine!”. Llama, en todo caso, la atención que descubran Soria los ingleses antes que los españoles, y la prensa británica, antes que la prensa española, pero España y yo somos así.

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