EL TRANSFORMADOR TRANSFORMADO

por elcantodelcuco

Mi calle de Sarnago ha aparecido retratada en “Le Monde”, prestigioso periódico francés, ilustrando un reportaje titulado “La Laponia española quiere salir del abandono”. La foto está tomada desde la placetuela, de abajo a arriba, formando con la barrera de las paredes de piedra una especie de túnel del tiempo. Algo llama enseguida la atención: la presencia de un gato cruzando la calle en un pueblo deshabitado. El pie de foto no puede ser más explícito: “En el pueblo de Sarnago (provincia de Soria), enfrentado a un éxodo rural masivo”. ¡Y tan masivo! ¿De dónde habrá salido el gato? Es la única señal de vida en el escenario. Lo de la Laponia española quedó explicado en la anterior entrada del blog sobre la muerte de los pueblos. Se trata de una amplia región cada vez más desértica, que ocupa el corazón de España, entre la indiferencia de los poderes públicos. “Enclavada en el norte de la península ibérica -arranca “Le Monde”-, la comarca presenta una de las más bajas densidades de población de la Unión Europa”. Así es. La comarca de las Tierras Altas de la Alcarama, con docenas de pueblos muertos y menos de dos habitantes por kilómetro cuadrado, se lleva la palma de la desertización. Además del diario de París, distintos e importantes periódicos de lejanos lugares del mundo, de Oriente y de Occidente, se han interesado últimamente por el llamativo caso, del que “El canto del cuco” lleva más de cinco años dando cuenta como quien manda llover.

Y, sin embargo, en Sarnago la vida sigue. Me parece que este lugar donde nací se ha convertido en todo un símbolo de resistencia a la muerte de los pueblos deshabitados o a punto de quedar vacíos. Un ejemplo para muchos. Un esfuerzo inútil para otros. Un orgullo para los que somos de allí. Es verdad que los cuatro kilómetros del camino que arranca en el puente de San Pedro siguen sin asfaltar a pesar de todas las promesas del alcalde sampedrano y de la Diputación. También es desolador contemplar las ruinas de la iglesia. Todo el mundo espera que la llegada del nuevo obispo, un riojano de Autol con fama de abierto y comprensivo, facilite de una vez con ánimo cristiano los trabajos de reconstrucción.

La última reseña de actividades promovidas por la Asociación, que preside José Mari Carrascosa, no deja lugar a dudas de que aún hay vida: Se ha presentado el libro de Isabel Goig sobre la Virgen del Monte Seces, “mucho más que una ermita”, un lugar mágico, rodeado de historia y de misterio, en el que pasé horas felices de mi infancia y del que me ocupo con algún detenimiento y la dosis justa de fantasía en “Leyendas de la Alcarama”. En cierta medida me cabe el honor de haber descubierto este curioso cenobio con sus últimos santeros convertido con el paso del tiempo en ruinosas majadas. También es digno de ser destacado en esta crónica el hecho de que en Sarnago se ha celebrado por segundo año consecutivo el Día del Árbol, como cuando entonces, plantando por lo vecinos, llegados de fuera para la ocasión, diferentes especies de árboles autóctonos bajo la dirección de José C. Santana, doctor ingeniero agrónomo. Es un acto de alto contenido ecológico y cultural. Acaso una rebelión callada y una voluntad de permanencia. Se procura así restablecer en lo posible la floresta original, destruida en los años sesenta con la masiva plantación de pinos, causa inmediata de la despoblación.

Pero hay más. Estos días de finales de mayo -que por mayo era, por mayo,/ cuando hace la calor, / cuando los trigos encañan / y están los campos en flor- se lleva a cabo en el pueblo una nueva hacendera. Las gentes acuden a arrimar el hombro para arreglar caminos, calles, fachadas o lo que se tercie, en un trabajo comunitario, sin ayudas oficiales, para hacer más habitable el lugar y demostrar la voluntad de supervivencia. Acuso, en fin, recibo de una impulso estrella. Sarnago se ha incorporado a la iniciativa de una ruta turística, promovida por la Mancomunidad de Tierras Altas, bajo el eslogan “Conquistando Soria, asómate a Tierras Altas”, y lo ha hecho con un precioso y colorista mural pintado en el viejo transformador de la luz, a la entrada del pueblo, bajo el letrero: “Tierra de nadie, (tierra) de TODOS”. Los caminantes que se aventuren por estos solitarios e impresionantes lugares deshabitados, en los que manda el silencio y en los que aún pueden contemplarse los últimos vestigios de Naturaleza virgen, recibirán un pasaporte especial, en el que se reconocerá su meritoria aventura. Y, de este modo, el viejo transformador se transforma en luminosa señal para viajeros curiosos. Todo un detalle de adaptación a los tiempos, de resistir transformándose. O, más humildemente, se trata al menos, como dice “Le Monde”, de intentar salir del abandono.

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