BALANCE DE FIN DE AÑO

por elcantodelcuco

Cuando llega el fin de año, nos vemos incitados a repensar lo vivido, a descubrir las luces y las sombras, a señalar con el dedo las huellas del tiempo. Es el momento adecuado para hacer balance y es lo que voy a intentar hoy. Rendiré cuentas a los seguidores habituales de “El canto del cuco” y a los que se asoman aquí por vez primera. He de reconocer de entrada que este año, por unas cosas y por otras, ha faltado periodicidad. Circunstancias de fuera y razones personales han impedido estar aquí cada semana como un reloj. Pido disculpas a los que se hayan sentido defraudados. La desidia y un cierto agotamiento de las historias rurales son motivos nada despreciables. Llega un momento en que hay peligro de cansarse y de cansar a los lectores. Algo de eso ha pasado, me parece, a pesar de que el cúmulo de visitas de dentro y de fuera de España no han disminuido. Se han resentido más los comentarios, y llevo un tiempo echando de menos la participación de algunos habituales del blog, que formaban ya parte entrañable del grupo humano, casi familiar. Eso ha llevado, me parece, a un cierto decaimiento.

Repasando las entradas de todo el 2017, veo que han tenido notable relevancia las relacionadas con mi vida personal. Están marcadas por la fuerte carga emocional. Puede que haya abusado de los sentimientos, pero qué le vamos a hacer. Tampoco es momento de autoflagelarse por eso. Ha destacado la enfermedad y muerte de mi hermano, que durante meses ha condicionado mi vida y, pensándolo bien, el desarrollo de estas historias. Con su desaparición decayó, al quedarme sin referencias, mi interés por el paisaje humano y espiritual de Soria. Voy “camino Soria” con menos entusiasmo y con los ojos menos abiertos. Pienso que ya no me espera nadie. Todo ha cambiado momentáneamente de color. Poco a poco iré, eso espero, sobreponiéndome. No voy a renunciar fácilmente a contribuir desde aquí a recoger los despojos de la cultura rural y a denunciar la injusta postración de los pueblos. La despoblación de media España sigue siendo un buen motivo para seguir machacando en el yunque, aunque nadie escuche el sonido agudo de la fragua.

Entre los momentos emotivos que figuran este año en “El canto del cuco” está la boda de Sara, mi hija pequeña, en Valdeavellano de Tera, última celebración de mi hermano, el cura, antes de morir. Se da el caso de que Sara es la depositaria, en “Historias de la Alcarama”, de la memoria de mi niñez; el reencuentro con el diario de mi infancia en el Centro Internacional Antonio Machado de Soria; la colocación de una placa con mi nombre y el nombre de mis libros en la casa de Sarnago donde nací, y, en fin, la reciente carta a mis nietos. Fuera de estas intimidades, he procurado recuperar las cosas de antaño, he descubierto a todos al gran poeta Fermín Herrero, nacido como yo en las Tierras Altas; he visitado la casa de Miguel Hernández en Orihuela; he recreado aquellos tiempos en los que el médico llegaba a caballo; he dejado constancia de que “The Daily Telegraph” descubría a los ingleses la Soria turística; he declarado la independencia de Sarnago pensando en Cataluña y he entrevisto el regreso a la tribu; he recordado “El Comercio”, la fonda mítica de San Pedro Manrique; he vuelto a contar historias de la noche de San Juan; he descrito la resistencia de Sarnago a morir como los otros pueblos; he subido al Castillo, he defendido a las abejas, he echado de menos los animales en los pueblos; he invitado a adentrarse por las veredas del monte; he contado algunas historias para levantar el ánimo, como el campo de rosas de Garray, he comprobado que los pueblos ya nunca serán lo que eran y ha vuelto la nieve a cubrir piadosamente las ruinas.

En resumen, he dado lo que tenía a mano y lo que tenía dentro. Lo he contado como Dios me dio a entender. Estoy en completo desacuerdo con el escritor francés Louis Aragon, para el que “la vida es un viajero que deja arrastrar su capa detrás de él, para borrar las huellas”. Al contrario, la vida consiste en andar por el camino dejando huella y  descubriendo, sin borrarlas, las huellas de los que nos han precedido. Es lo que pretendo. De eso se trata.

¡Gracias a todos y que venga buen año!

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