El canto del cuco

Cuaderno gris de Abel Hernández

Mes: enero, 2018

EL AÑO DE LA LECHUZA

La lechuza, esa misteriosa dama de la noche, reina de los campanarios, fantasma blanco en las ruinas, desvanes y someros, está desapareciendo en silencio. Su desaparición es tan silenciosa como su vuelo o como la muerte de los pueblos donde acostumbra a habitar desde que el mundo es mundo, en vecindad con el ser humano. Su pálida cara de luna llena en forma de corazón con puntiagudos ojos negros brillantes y el pico descollante de color claro, su semblante grave, impasible, las extrañas muecas de su rostro, completamente indescifrables, y, sobre todo, su particular canto, un siseo lúgubre, ronco y grave, han convertido a esta ave nocturna injustamente en mensajera de la muerte y del más allá y en protagonista de leyendas de misterio. Su fuerza literaria se observa en la serie “Twin Peaks”, en “Harry Potter” o en libros como “El día de la lechuza” de Leonardo Sciascia o “El grito de la lechuza” de Patricia Higsmith. Y su amable cercanía, en el conocido poema de Antonio Machado:

Por un ventanal,

entró la lechuza

en la catedral.

San Cristobalón

la quiso espantar,

al ver que bebía

del velón de aceite

de Santa María.

La Virgen habló:

-Déjala que beba,

San Cristobalón.

Sobre el olivar,

se vio a la lechuza

volar y volar.

A Santa María

un ramito verde

volando traía.

El caso es que la lechuza ha sido elegida por votación popular, en competencia con el alimoche y el chorlitejo patinegro, Ave del Año 2018 en España. La iniciativa ha sido de la organización científica y conservacionista SEO/Bird-Life ante el declive de su población, que revela y avisa de la acelerada pérdida de vida en el campo. En diez años se ha diezmado. En algunas regiones sólo sobreviven ya la mitad de los ejemplares de esta elegante rapaz nocturna -”tyto alba”- que había en 2005. Los expertos atribuyen el descenso a la muerte de los pueblos y a la transformación acelerada que está experimentando el medio agrario. La lechuza se alimenta de ratones y otros pequeños roedores, además de arañas, gusanos, lagartijas, pajarillos, murciélagos e insectos. En el campo se va imponiendo el monocultivo. Se arrasan los ribazos y linderos con su vegetación natural, y se abusa de los plaguicidas, pesticidas y raticidas. Poco a poco la lechuza, como sus parientes de la noche -el búho, el cárabo, el oto, el mochuelo…- se queda sin alimento, y las presas que consigue capturar están envenenadas y envenena con ellas a sus crías en el nido. Además cada vez le resulta más difícil encontrar sus antiguos lugares naturales para nidificar. Como curiosidad, tengo que hacer notar que la lechuza madre es capaz de perder la vida para defender la de sus hijos ante el ataque de un depredador. Recuerdo ahora aquellos veranos, no tan lejanos, en El Valle, oyendo por la noche el canto constante del cárabo y del búho -burubú, burubú…- y observando la misteriosa presencia de la blanca dama de la noche plantada, inmóvil, defendiendo su nido, en un agujero alto de la torre de la iglesia.

El declive de la lechuza es un indicador fiel de lo que está pasando en el mundo rural. Las aves, desde las nocturnas a los gorriones, abandonan los caseríos cuando se va la gente y desaparecen los animales domésticos. La despoblación de los pueblos tiene, como se ve, consecuencias irreparables sobre la fauna y el ecosistema. Es todo un universo natural el que está desapareciendo en silencio, tan en silencio como el vuelo de la lechuza.

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CARTA A LOS REYES MAGOS

Un año más, no puedo contenerme. En esta tarde desapacible he oído el bullicio cercano de vuestra cabalgata y he vuelto a sentir el niño que llevo dentro. Me han venido a la cabeza aquellas noches silenciosas de Reyes en el pueblo, casi siempre bajo una gran nevada, acurrucado en la cama, haciéndome el dormido, esperando escuchar el sonido de vuestras botas en el cuarto de afuera. Nunca me extrañó que los camellos, acostumbrados a las arenas ardientes del desierto, vinieran por el camino nevado de Valdenegrillos, por el collado del Robledo, bordeando la Alcarama, azotados por las úrguras y saltando ventisqueros. Me extraña más que seáis capaces de soportar el  estrafalario aparato comercial y publicitario que os rodea ahora. Supongo que aguantaréis por los niños este ridículo carnaval laico, endulzado con caramelos blandos, porque tenéis paciencia y sentido del humor. En serio, ¿no tenéis la impresión de que se ha desvirtuado vuestra fiesta, privándola de su sentido original? Ni siquiera se cantan villancicos. Pocos saben ya que todo empezó siguiendo una estrella camino de Belén, donde había ocurrido el mayor prodigio de la historia humana. ¿Recordáis? No salíais de vuestro asombro. Adorasteis a aquel Niño, que estaba recostado en un pesebre, le dejasteis vuestros obsequios -oro, incienso y mirra- y salisteis de prisa y corriendo para esquivar al pérfido rey Herodes.

No sé si está en vuestra mano atender las peticiones que os voy a hacer. Desde luego, no os pediré nada para mí. Ni siquiera un caballo de cartón, como aquel que me trajisteis cuando era niño y que tanta ilusión me hizo. Tampoco os pediré nada para la familia. Con más o menos dificultades, ya nos apañaremos ayudándonos unos a otros. Si acaso, algunos juguetes para los nietos, pero sin exagerar, que los niños de ahora están saturados de cosas, como sabéis de sobra, y no tienen tiempo de disfrutar con ninguna. Todo les cansa. Antes bastaba con una pelota, un pequeño tambor o una bolsa de cacahuetes para ser felices. Mejor que os ocupéis de los niños pobres que no tienen nada y, sobre todo, de los que están en los campos de refugiados, en las tierras de Oriente o del norte de África que vosotros conocéis bien. Moved el corazón de los poderosos del mundo, de los gobernantes y de las gentes de buena voluntad para empezar a poner remedio al dramático problema de los refugiados, que huyen del hambre y de la guerra y que se encuentran desamparados entre alambradas.

Aquí, entre nosotros, lo que más preocupa es poder encontrar un trabajo digno, estable y razonablemente bien pagado, acomodado a la preparación de cada uno. Del año pasado a éste, el panorama laboral ha mejorado algo, pero aún hay demasiada gente desempleada o con un empleo precario. Este problema afecta sobre todo a los jóvenes. Muchos de ellos no ven un futuro claro ni están en condiciones de tener un hogar y formar una familia. Y el hachazo de la crisis económica se deja sentir aún entre las clases medias. Miles de familias están en apuros, aunque lo disimulen y aunque hagan un esfuerzo inhumano para que sus hijos no sean menos que los del vecino y encuentren algún regalo en sus zapatos cuando se despierten la mañana de Reyes, vuestra mañana. No deja de ser desconcertante e injusto, no sé qué pensaréis vosotros, que, después de la crisis, aprovechándose de ella, los ricos en España, según las estadísticas, sean cada vez más ricos y los pobres, más pobres. Esto no puede ser. No sé si podéis hacer algo. Lo mismo que con los corruptos, que se aprovechan del cargo, de su elevado puesto en la Administración o en la empresa, para enriquecerse indebidamente. España, queridos Melchor, Gaspar y Baltasar, necesita, me parece, una purificación.

Sé que habéis recorrido Cataluña. ¡Qué os voy a contar! Del año pasado a éste, lo único que ha crecido allí es el alboroto, la incomprensión y el odio. Así no se puede seguir. Supongo que habéis traído unos cuantos sacos de carbón y dejaréis uno en Flandes a los fugados de la Justicia y otro en la cárcel de Estremera. Una sugerencia: ¿por qué no aprovecháis vuestra proximidad a los teóricos seguidores del Evangelio para mover el corazón de los centenares de curas, frailes, monjes y monjas catalanas, -esos que firman manifiestos- además de algún obispo, para que se convenzan de que fomentar la independencia de Cataluña es un error, como se está viendo, y un pecado de odio, que es el peor de los pecados? ¡Que caigan de una vez del burro y sepan que no son inocentes de lo que está pasando! Dejadles carbón sobre el altar para que se conviertan.

No quiero cansaros más, que bastante agobiados andaréis. En el largo memorial de inquietudes que había ido anotando para escribir esta carta, figuraban desde la criminal violencia contra las mujeres y la controvertida ideología de género hasta la amenaza del calentamiento global y la creciente contaminación del aire, del agua y de la tierra. ¡Problemas mayores! Pero hoy no quiero olvidarme de uno por el que vengo luchando sin descanso desde hace tiempo con poco éxito: la despoblación y la muerte de los pueblos. Espero que echéis una mano en esto. Ya es hora de que los poderes públicos elaboren un ambicioso plan global de ordenación del territorio y lo pongan en práctica. Vosotros habéis sido testigos esta noche de la tristeza infinita de los pueblos sin nadie y de la España despoblada del interior. Con las puertas cerradas y sin luz en las ventanas ni humo en las chimeneas.

Queridos Reyes Magos: ¡Echad una mano a España!