EL AÑO DE LA LECHUZA

por elcantodelcuco

La lechuza, esa misteriosa dama de la noche, reina de los campanarios, fantasma blanco en las ruinas, desvanes y someros, está desapareciendo en silencio. Su desaparición es tan silenciosa como su vuelo o como la muerte de los pueblos donde acostumbra a habitar desde que el mundo es mundo, en vecindad con el ser humano. Su pálida cara de luna llena en forma de corazón con puntiagudos ojos negros brillantes y el pico descollante de color claro, su semblante grave, impasible, las extrañas muecas de su rostro, completamente indescifrables, y, sobre todo, su particular canto, un siseo lúgubre, ronco y grave, han convertido a esta ave nocturna injustamente en mensajera de la muerte y del más allá y en protagonista de leyendas de misterio. Su fuerza literaria se observa en la serie “Twin Peaks”, en “Harry Potter” o en libros como “El día de la lechuza” de Leonardo Sciascia o “El grito de la lechuza” de Patricia Higsmith. Y su amable cercanía, en el conocido poema de Antonio Machado:

Por un ventanal,

entró la lechuza

en la catedral.

San Cristobalón

la quiso espantar,

al ver que bebía

del velón de aceite

de Santa María.

La Virgen habló:

-Déjala que beba,

San Cristobalón.

Sobre el olivar,

se vio a la lechuza

volar y volar.

A Santa María

un ramito verde

volando traía.

El caso es que la lechuza ha sido elegida por votación popular, en competencia con el alimoche y el chorlitejo patinegro, Ave del Año 2018 en España. La iniciativa ha sido de la organización científica y conservacionista SEO/Bird-Life ante el declive de su población, que revela y avisa de la acelerada pérdida de vida en el campo. En diez años se ha diezmado. En algunas regiones sólo sobreviven ya la mitad de los ejemplares de esta elegante rapaz nocturna -”tyto alba”- que había en 2005. Los expertos atribuyen el descenso a la muerte de los pueblos y a la transformación acelerada que está experimentando el medio agrario. La lechuza se alimenta de ratones y otros pequeños roedores, además de arañas, gusanos, lagartijas, pajarillos, murciélagos e insectos. En el campo se va imponiendo el monocultivo. Se arrasan los ribazos y linderos con su vegetación natural, y se abusa de los plaguicidas, pesticidas y raticidas. Poco a poco la lechuza, como sus parientes de la noche -el búho, el cárabo, el oto, el mochuelo…- se queda sin alimento, y las presas que consigue capturar están envenenadas y envenena con ellas a sus crías en el nido. Además cada vez le resulta más difícil encontrar sus antiguos lugares naturales para nidificar. Como curiosidad, tengo que hacer notar que la lechuza madre es capaz de perder la vida para defender la de sus hijos ante el ataque de un depredador. Recuerdo ahora aquellos veranos, no tan lejanos, en El Valle, oyendo por la noche el canto constante del cárabo y del búho -burubú, burubú…- y observando la misteriosa presencia de la blanca dama de la noche plantada, inmóvil, defendiendo su nido, en un agujero alto de la torre de la iglesia.

El declive de la lechuza es un indicador fiel de lo que está pasando en el mundo rural. Las aves, desde las nocturnas a los gorriones, abandonan los caseríos cuando se va la gente y desaparecen los animales domésticos. La despoblación de los pueblos tiene, como se ve, consecuencias irreparables sobre la fauna y el ecosistema. Es todo un universo natural el que está desapareciendo en silencio, tan en silencio como el vuelo de la lechuza.

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