EL DESASTRE DE LA DESPOBLACIÓN

por elcantodelcuco

Asistimos a la eliminación histórica de una forma de vida. La mitad de los ocho mil municipios de España están en trance de desaparecer. La despoblación afecta, como se sabe, a toda la España interior. Pero hay una provincia castellana, cargada de cultura, de historia y de leyenda, que ha llegado al límite de la supervivencia. Hablo de Soria, que es mi patria. Y no me importa ser cargante. No me puedo callar cuando hasta las piedras hablan. Hablan los niños de las escuelas sorianas pidiendo en un vídeo que vuelva la vida a los pueblos y no se conviertan en “pueblos fantasmas”, así los llaman. Levantan la voz los jóvenes, que el día 11 de abril en un taller en “El Hueco” ofrecerán de nuevo sus sugerencias para ayudar a levantar cabeza. Levantan la voz de alarma los empresarios. Habla el alcalde de la capital con las estadísticas calientes en la mano: el censo de toda la provincia no alcanza los 89.000 habitantes, casi la mitad residentes en la capital, lo que da idea del inmenso desierto demográfico alrededor y del riesgo evidente de que Soria, una extensa provincia, desaparezca como entidad administrativa. De los 183 municipios, 121 están abocados a desaparecer. Dos de cada tres pueblos tienen menos de cien habitantes, lo que significa que están en trance de quedar vacíos. Cada año el censo de los muertos supera con mucho al de los nacidos. El resultado es conocido y dramático: los vecinos de las villas y aldeas son cada vez menos y más viejos. La lista de pueblos abandonados es ya interminable y aumenta de año en año. ¿Cómo puede uno permanecer callado ante semejante catástrofe humana y ante tal desastre cultural e histórico?

Tímidamente, los poderes públicos parece que empiezan a hacerse cargo del problema. La Federación de Municipios y Provincias está llevando a cabo desde hace tiempo una tarea meritoria en esto, que ha encontrado eco en los Gobiernos regionales más afectados, empezando por el de Castilla y León. Y, por fin, el desequilibrio demográfico y el envejecimiento de la población rural han entrado en la agenda del Gobierno de la nación y en los programas de algunos partidos políticos. Acaba de aprobar el Consejo de ministros ayudas a la vivienda para jóvenes que decidan irse a vivir al pueblo. No es mala idea. Y parece que existe el propósito de que se tenga en cuenta este problema de la despoblación a la hora del reparto del presupuesto de las comunidades autónomas, si es que alguna vez conseguimos superar la corrompida hojarasca del problema catalán y ocuparnos de los asuntos importantes que afectan de verdad a la gente. Y la Red de Áreas Escasamente Pobladas del Sur de Europa (SSPA) confía, parece que con fundamento, en que este grave problema esté sobre la mesa de la Unión Europea a la hora de diseñar los próximos presupuestos. Todas las ayudas públicas serán pocas para superar el injusto desequilibrio que sufre la España interior. Transportes, comunicaciones, brecha digital, infraestructuras, servicios sanitarios y educativos, exenciones fiscales a las empresas, ayudas a la industria alimentaria de calidad y al turismo rural, estímulos a los jóvenes profesionales -médicos, maestros, guardias civiles, veterinarios, ingenieros…- para que vayan a vivir al mundo rural, etcétera. Lo que hace falta es dejarse de remiendos y elaborar de una vez un plan global, con un presupuesto adecuado. Y, desde luego, para Soria, dada su desesperada situación, urge un generoso plan de choque, que podría ser a la vez un “plan piloto”.

Déjenme que termine este alegato, fruto de la compasión y la furia, con unos versos de Fermín Herrero, el mejor poeta de la tierra, con el que uno se entiende desde el primer verso.

Vivo en un lugarcillo de hartos pocos

vecinos. En la noche cerrada están

temblando las estrellas, sin más

ni más, el aire inmóvil. Escucho

el río, allá en lo hondo: como el roce

del agua en las palabras. Es mi pequeñez…

PD. Sarnago: Hay buenas noticias sobre la iglesia y el camino. Los trámites administrativos entre el Obispado y el Ayuntamiento de San Pedro Manrique, para poder empezar a mover las ruinas del templo y, si es posible, levantarlo de nuevo, van bien. Y me dicen que la Diputación empezará a asfaltar el camino esta primavera. Amén.

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