DE VUELTA Y MEDIA

por elcantodelcuco

Ya estoy de vuelta. No ha sido un largo viaje. Puede que nadie me haya echado de menos en este tiempo. Es como si me hubiera ido por tabaco o con el cántaro a la fuente. O, como mucho, de caza o a la feria del pueblo vecino. Pueden pensar, si quieren, que he estado jugando al escondite, como cuando éramos niños, o que me he escapado a la dehesa a buscar nidos. O acaso todo se deba a la necesidad de cambiar de aires o de cargar las pilas.  Lo que quieran. El caso es que llevo un tiempo sin aparecer por aquí y ahora vuelvo. Me he acordado de aquellos versos de Cernuda: “¿Volver? Vuelva el que tenga, / tras largos años, tras un largo viaje, / cansancio del camino y la codicia / de su tierra, su casa, sus amigos, / del amor que al regreso fiel le espere”. Yo no espero tanto. Me conformo con que en algún lugar, puede que en la humilde cocina de un pueblo semiabandonado, haya alguien que espere con curiosidad una nueva entrada de este blog. A ese, si existe en algún sitio, no puedo defraudarlo y le debo una explicación.

Es verdad que yo había observado en muchos de los seguidores habituales de “El canto del cuco” un evidente cansancio. Y a mí me pasaba lo mismo. Cansa seguir rebuscando en los rincones los restos mortales del mundo rural. Y tampoco levanta pasiones seguir denunciando hasta el aburrimiento, año tras año, sin ningún éxito, la muerte de los pueblos y la injusticia de la despoblación. El problema se ha convertido ya en negocio político y en aprovechamiento de oportunistas bien pagados -siempre los mismos-, que acaparan “jornadas culturales”, eventos oficiales y mesas redondas. Normalmente sin aportar nada de provecho ni distinguir el trigo de la paja. No deja de ser obsceno  aprovecharse del drama rural para ganar votantes, lectores o dinero. Personalmente prefiero no contribuir a semejante confusión. Esto explica, en parte, mi ausencia de este tipo de eventos y mi ausencia temporal aquí. Lo razonable era observar el panorama desde la distancia, reflexionar, atar cabos y volver con las ideas más claras. Por ejemplo, ahora le doy más importancia a la hacendera, el pasado domingo, día 2 de junio, en Sarnago, sin ayuda de nadie, que a las ostentosas jornadas sobre el mundo rural celebradas en Soria bajo el patrocinio del Ministerio de Cultura.

También me he convencido de que el paraíso de la infancia no es recuperable, salvo en los cristales rotos de la memoria, que no es poco. Así que seguiré manejando estos cristales de la memoria, aunque sólo sea para recuperar aquel paraíso y compartirlo con los que tuvieron la suerte de habitarlo, como yo, y con los que, en esta era tecnológica y virtual, son aún capaces de soñar. Quiero decir que no me rindo. Volveré a reencontrarme con aquello y  seguiré desde aquí, como cuando entonces, contando al que quiera acompañarme el paso de las estaciones en las Tierras Altas y la eterna sucesión de la vida y la muerte.

Esta explicación no estaría completa si no dejara constancia, para general conocimiento, de que, entre las razones de mi injustificable ausencia, ha habido un libro, en el que he puesto todas mis complacencias, que acabo de entregar al editor y que me ha tenido completamente embebido en los últimos meses. Pero ya estoy aquí.

 

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