DIARIO DE MARCOS

por elcantodelcuco

Acaba de salir de la imprenta mi último libro. Tengo el primer ejemplar entre mis manos. Dentro de poco estará en las librerías.  Lo primero que hago es dar la noticia a los seguidores de “El canto del cuco”. Me parece que es justo. Por mi intensa  dedicación a la tarea de escribirlo durante meses, que me ha tenido absorbido, han visto cómo fallaban las entregas del blog. Lo publica Encuentro y se titula “Diario de Marcos”. Creo que es el libro más importante que he escrito en mi vida. Ofrezco aquí, como primicia, el prólogo del mismo, que da una idea aproximada del contenido.

Esta es la vida de Jesús de Nazaret contada de cerca. Abarca apenas tres años. Desde que deja su casa del pueblo, e inicia, coincidiendo con el apresamiento de Juan Bautista, su predecesor, su misión recorriendo los caminos de Galilea, hasta que muere en Jerusalén, ajusticiado en una cruz después de un juicio injusto. Esta breve y fascinante historia concluye con su segunda vida terrena después de la resurrección, una vida distinta y misteriosa, más inaprehensible, en la que se manifiesta gloriosamente a sus discípulos. Esta segunda vida da pleno sentido a su difícil paso por la Tierra y  no dura más de cuarenta días. Estamos, no sólo para sus seguidores, convencidos de su misteriosa misión divina, sino también para todos los que se acercan de buena fe  a él y a su doctrina, ante la figura más atractiva y luminosa de la historia humana.

A través de este relato, escrito con temblor y  con la mayor fidelidad a los hechos, el lector curioso podrá seguir de cerca su recorrido, con un calendario preciso, por los caminos de Galilea, de Judea y de Samaría, además de una breve excursión a Perea y otra a las tierras altas de Cesarea de Filipo. La mayor parte del tiempo lo pasó Jesús en su tierra de Galilea. Allí se encontraba más a gusto, entre pastores, artesanos, campesinos y pescadores. El punto de encuentro era Cafarnaúm, junto al lago de Tiberíades. En torno al lago se desarrollan las escenas más significativas y entrañables de su vida pública. Subir a Jerusalén, en Judea, era sentir el aliento hostil del poder religioso judío y contar el tiempo que faltaba para el voluntario sacrificio redentor, previsto por los profetas desde antiguo . El presentimiento de la muerte a plazo fijo le acompañó y le ensombreció una buena parte de los últimos meses de su vida. Al final no ocultó su decepción y su dolor por el rechazo de las autoridades judías a su oferta mesiánica -la nueva alianza- y lloró sobre Jerusalén.

Se cuentan aquí, por su debido orden, los principales episodios de la vida pública de Jesús de Nazaret. Los hechos discurren en su contexto, encajados en su tiempo, de acuerdo con  las costumbres de la época. Se enmarcan en el paisaje en que sucedieron, bañados por la luz correspondiente. Las escenas se desarrollan con todo detalle, como vistas por un testigo directo, Así adquieren vida. Pasan del blanco y negro al color. Bajo una cuidadosa y elemental cobertura literaria, huyendo de todo artificio inútil, se suceden  los acontecimientos, las manifestaciones  y los  hechos comprobados, sin ningún tipo de falsificación consciente, sino todo lo contrario. Se procura aclarar lo dudoso y ordenar lo disperso. Confío en que el lector interesado aprecie este esfuerzo de objetividad.

Por el “Diario de Marcos” van desfilando, con perfil propio, los variopintos personajes que acompañaron a Jesús en su agitada  andadura por la Tierra. Desde la discreta presencia de María, su madre, hasta la oscura e incomprensible figura de Judas Iscariote.   Observamos enseguida el liderazgo de Simón Pedro entre los doce elegidos -doce hombres del pueblo, de oficios humildes, todos galileos menos Judas- y comprobamos el protagonismo femenino, que rompe con las tendencias de la época. Hay un numeroso grupo de mujeres que siguen de cerca al Nazareno sirviendo a la pequeña comunidad creada por él; algunas de ellas le acompañan hasta el Gólgota y son las primeras que descubren el sepulcro vacío. En el relato de la vida de Jesús de Nazaret  adquieren un relieve especial figuras como María Magdalena, Marta y María de Betania, la Samaritana y la mujer adúltera, a la que perdonó sus pecados  y libró de la lapidación.

Recorriendo a su lado los caminos, observamos su amor a la Naturaleza, como obra de sus manos. Contempla con infinita  complacencia los olivos, el trigo, la viña, el rebaño de ovejas, el agua de la fuente, la higuera, los lirios del campo, los peces y las aves del cielo. Le sirven además de materia prima de sus parábolas. Jesús tiene alma de campesino. Pero el rasgo destacado de su personalidad es el repudio de la hipocresía y la soberbia de los poderosos y su compasión por los seres humanos más pobres, humildes, enfermos y desvalidos. Siempre se pone de su parte, utilizando, si es preciso, su poder taumatúrgico para sacarlos de la enfermedad, de la miseria y de la tristeza. Impresiona, casi aterra, su poder -el poder de Dios-, que se corresponde con los signos mesiánicos. Cura a los enfermos, resucita a los muertos, perdona los pecados, expulsa a los demonios, se erige en “señor del sábado” y, si es necesario, apacigua la tempestad en el lago. Y entonces, en medio de la noche oscura, el mar y el viento le obedecen.

El autor del libro confiesa que un fuerte impulso interior, cuando menos lo esperaba, le empujó a escribir este libro. Después de darle muchas vueltas, pasó varios meses sumergido, de alma y cuerpo, en la tarea. Ni en las horas del sueño desconectaba del todo. Ha sido una experiencia emocionante y abrumadora. Ninguna vida humana, como queda dicho, es tan fascinante como la de Jesús de Nazaret si se observa de cerca. Cada día era como una pequeña revelación nueva. A medida que iba descubriendo los rasgos singulares del protagonista y lo observaba de cerca, notaba, o eso creía, que iba, poco a poco, desvelándose en el “Diario de Marcos” el rostro de Jesucristo. Sentía el autor por dentro que, a pesar de su evidente indignidad y la conciencia de sus limitaciones para abordar tal empresa, una fuerza misteriosa le llevaba de la mano hasta concluir el retrato.